miércoles, 17 de septiembre de 2008

Juegos de mierda II

Aquí van unos comentarios pendientes para cerrar esta pequeña serie referente a algunos grandes juegos que han marcado a toda una generación (?).

Out Run

Yo oigo, o pienso en la palabra “Out Run” y dijo “jaaah...”. Esta apasionante carrera sentaba al player en un autazo rojo (una Ferrari) junto a una rubia a la que se volaban los cabellos conforme el carro ganaba velocidad. Y los escenarios, exceptuando el del primer nivel (una autopista que bordea a una playa miamiesca), realmente lograban hipnotizar al corredor mediante la exhibición de unos paisajes con unos colores tan variados como irreales, lo que hacía de la carrera una experiencia bastante psicodélica. A tal punto que semejante colorido lo atribuyo a una intención de los creadores de desviar la atención de los jugadores induciendo a la contemplación gozosa de unos cuadros que, según el nivel y el ramal elegido (antes de pasar a otro nivel el camino se bifurca) podían ser desérticos, boscosos o bien bucólicos, pero siempre dotados de un colorido por momentos destellantes, cambiantes, ligeramente sospechosos.

Los niveles, por supuesto, presentaban una dificultad escalonada pero, a mi entender, de una manera un tanto desproporcionada. Y los caminos, promediando el cuarto nivel (mi máximo alcanzado; en total son cinco), obligaban a bajar deliberadamente la velocidad con el fin de evitar una dolorosa colisión contra el obstáculo de turno, lo que restaba posibilidades de llegar con tiempo aunque sea a la bifurcación de los caminos, que indicaba la inminencia de la meta (¿a quién no se le quedó el auto justo agarrando la ruta elegida?).

El transcurso del juego era acompañado con una melodía insulsa pero bastante pegadiza, llamada “Passing Breeze”, una especie de calypso que uno terminaba silbando al consumirse la última ficha.

En fin, nuevamente el glorioso MAME es el artífice de que muchos de los outrunianos hayamos vuelto a pegarnos unos tremendos palos con esa menemista Ferrari colorada que levantaba a 293 km/h y cuyo peor enemigo no sólo eran las tramposas curvas y contracurvas, sino los malditos camiones con trailer que inundaban la ruta en los momentos más difíciles.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Juegos de mierda I

Nunca tuve gran pasión por los videojuegos, ni por “la tecnología” en general. Pero en un arranque de nostalgia he decidido revisar unos pocos videojuegos a los que me he atrevido a desafiar seriamente más allá de la tremenda torpeza, pereza y aversión que siempre exhibí a la hora de enfrentarme a ellos. 

Los dos de esta primera parte corresponden a sendos “fichines” de fines de los ’80 y albores de los ’90 respectivamente, hoy disponibles en cualquier hogar con PC gracias al emulador MAME.

Tehkan World Cup

Creo que este mundialito en el que uno obligatoriamente representaba a Holanda es el mejor videojuego de fútbol de la historia, pero tal vez diga esto porque es el único exponente del entretenimiento digital que gané hasta el mismísimo día de hoy.
Es que el Tehkan World Cup, visto desde la perspectiva actual, es el colmo de lo rudimentario. Es decir, no sólo consistía –a nivel imagen– en una gigantesca toma aérea de la parte del campo en la que se desarrollaba el juego, sino que sus posibilidades eran muy limitadas (más bien eran restricciones): las jugadas no eran más que monólogos messinianos consistentes en gambetear rivales hasta definir en la puerta del área a través del único recurso posible, el derechazo cruzado. Y las contadas variantes (el centro a la olla y cabezazo, o marear al arquero y meterse con pelota y todo) suplantaban precariamente la imposibilidad de dar pases cortos a compañeros, cosa que sí podía hacer el equipo contrario con total holgura.

En cuanto a los niveles, se llegaba a la final luego de atravesar siete instancias eliminatorias, obviamente escalonadas en su nivel de dificultad, aunque seleccionadas con un criterio bastante dudoso, ya que Brasil (tercer cotejo) era un rival sencillo y Uruguay (semifinal) hacía casi imposible la llegada a la final; a disputar, eso sí, contra Alemania, partido en el que el ritmo desenfrenado que por default presentaba el juego convertía a este encuentro en algo nocivo para la salud cardíaca.

Fueron dos o tres las veces en las que levanté la copa, y calculo que eso debe haber ocurrido en Villa Gesell, hace al menos 20 años. 

Hoy en día, cada tanto lo vuelvo a desafiar a través del MAME, aunque con resultados pobres.





Hat Trick Hero

Otra historia es el HTH, unos escalones más arriba que el Tehkan en cuanto a gráficos, sonido y potencial agilidad del player. También me parece que conllevaba una mayor dificultad a la hora de eliminar rivales, algo totalmente discutible si tomo en cuenta la cantidad de veces que he visto a otros levantar el trofeo.
No obstante, los mejores recuerdos sobre este videogame tienen que ver con el espéndido sentido del humor que emplearon los creadores a la hora de diseñarlo, ya que, al comenzar los partidos, el árbitro gritaba “KICK OOOOFFF” de una manera bastante agresiva y graciosa, y por si fuera poco incluía la curiosa posibilidad de golpear, patear, o darle rodillazos al hombre del silbato sin riesgo de ganarse la roja.

El Hat Trick Hero era menos acelerado que el Tehkan, más realista si se quiere, y además añadió a los manipuladores de joysicks la posibilidad de lucirse con una chilena fenomenal o palomitas ingrávidas. También innovó al incluir la sanción de fouls con sus tiros libres y penales correspondientes, y la amonestación o expulsión de players excedidos.

En pocas palabras, un juego limitado, pero ligeramente adictivo. Nunca pasé del tercer partido.