lunes, 3 de noviembre de 2008

R.E.M. - Club Ciudad de Buenos Aires, 01/11/08


Qué va. Es verdad que la banda de Athens hace rato no ofrece una sorpresa discográfica, pero tienen un no-se-qué capaz de desafiar cualquier juicio racional o analítico. Sus componentes trasmiten tanta pasión por lo que hacen que los lugares comunes por los que últimamente transitan quedan en un segundo o tercer plano ante la sencilla belleza de sus melodías. Queda claro: sin ellos, esta fecha del Personal Fest se hubiese caído a pedazos. La inocuidad de Bloc Party y Kaiser Chiefs los hacía pedir a gritos.

Plantándose como una verdadera institución, Michael Stipe, Peter Buck y Mike Mills volvieron a emocionar al público porteño con un setlist más extenso que el de 2001 en el Campo de Polo y coherente con el empujón de energía que les facilitó el reciente Accelerate, un disco más directo y rockero que mejora con las sucesivas escuchas.

Desde el comienzo con el flamante “Living Well is the Best Revenge” más dos perlas del infravalorado Monster (1994), “I Took Your Name” y “What's the Frequency, Kenneth?” el devenido trío a fines de los noventa se dedicó a sacudir sin piedad las almas de las 30.000 personas que festejaron con ordenada alegría cada página del banquete que se ofrecía en escena. 

Si ya con “Drive”, “Electrolite”, “Ignoreland” y el siempre emocionante “Everybody Hurts” parecía suficiente, pues habría lugar para más: “The One I Love”, “Orange Crush”, “Losing My Religion” y “Man On The Moon” se sucedieron en versiones fieles coronadas por un sonido clarísimo y el gran carisma de un Stipe encendido, contento, secundado por un equipo de correctos ejecutantes que hicieron lo suyo con la tranquilidad que puede ofrecer más de tres décadas de experiencia. 

No queda mucho que agregar en cuanto a este hermoso broche de oro para un festival que suele dejar saldos positivos, pero al que a veces pareciera faltarle algún tipo de asesoramiento. Es la única manera de explicar por qué se relegó a una banda de la talla de The Mars Volta a un escenario secundario y cuando todavía pegaba el sol. Un verdadero shock eléctrico de solo 45 minutos.


Fotos: nuevamente, cortesía de anónimos.