miércoles, 24 de marzo de 2010

Guns N' Roses - Estadio Vélez Sarsfield, 22/03/10






Por Perry Mastrángelo, con la colaboración de Ralph Halfville.


I. Directo al grano: no queda claro si lo que se vio en Vélez es digno de una banda que tuvo al mundo del rock en sus manos, lo que habilita una primera y tajante hipótesis: esto no es Guns N´ Roses. Y no sólo en lo que refiere a cantidad de miembros históricos presentes (vamos, ¡no podemos considerar al tecladista Dizzy Reed como tal!), sino también en cuanto al planteo del show. Decimos esto porque habría una diferencia entre lo que sería una nueva versión del proyecto, con nuevos planes y nuevos objetivos, y la mera recreación de viejos clásicos haciendo de cuenta que aquí no ha pasado nada. En el caso que nos ocupa, la diferencia entre unos “nuevos Guns” y una simple banda tributo se estrecha y se diluye. Casi no existe. 

II. Un pálido homenaje a tiempos mejores, en todo sentido. Es un poco extraño escuchar una gloriosa “Rocket Queen” ejecutada por siete monigotes fingiendo hacer rock, blandiendo sus cabezas de aquí para allá, recorriendo las pasarelas con el aire triunfante de estrellas reconocidas y establecidas. Para la mayoría de los presentes hubiese resultado osado, pero convengamos en que si esto es algo diferente, si hay una refundación de lo que antes se llamó Guns N’ Roses, ¿porqué no basar el show en el disco nuevo y despachar un puñado de versiones respetuosas de viejas gemas? Ver a uno, dos, tres violeros afanarse por recrear los solos de Slash, el sonido de Slash, y hasta la pose de Slash roza lo patético. Para eso nos quedamos en casa escuchando los discos.

III. Ahora bien, otra hipótesis atraviesa no solo lo estrictamente artístico, sino también lo organizativo: es una apabullante falta de respeto que el show de una banda de primera línea quede totalmente arruinado por un pésimo sistema de sonido seguramente rentado en esta misma ciudad. Si la materia sonora hubiese sido coherente, tal vez la hipótesis anterior habría quedado menguada, o al menos nos hubiéramos contentado con los alaridos rasposos de un Axl Rose en buena forma. Pero no fue así. La voz, esa irremplazable voz que marcara a fuego los albores de la década del noventa, quedó sepultada por un vendaval de fallas técnicas que la dejaron prácticamente inaudible durante buena parte del concierto. Recién promediando éste, una atinada subida de volumen hizo que la banda realizara su simulacro a un nivel un poco más normal que aquél que llegó a despertar la furia del público.

Ante tamaño atropello, los pedazos de alfombra de plástico que caían sobre el escenario se combinaron con una densa capa de chiflidos y cánticos de desaprobación por parte de un sector grande de la concurrencia, y la reacción del líder no tardaría en llegar. No fue sino después de tres intervenciones con traductor y todo que los protagonistas parecieron percibir que la cosa era sencilla: no se escuchaba absolutamente nada. Para el momento de la corrección parcial de los niveles, la velada se había transformado en una guerra de nervios en la cual se respiraba una cancelación y posterior hecatombe.

La tensión que sobrevolaba el ambiente al momento de la bella “November Rain” no tenía nada que envidiarle a la de un penal en el minuto 89. Cualquier miga de pan que tocase el piano de Rose hubiese significado el inmediato regreso a casa. Como milagrosamente eso no ocurrió, el concierto pudo continuar su curso y completar sus interminables dos horas y cuarenta minutos.

El último cuarto del show, acaso lo mejor del mismo, que incluyó cuatro potentes bises –entre ellos, el buen cover de AC/DC “Whole Lotta Rosie” y una siempre descomunal “Paradise City” con su correlativo pogo– no alcanzó para compensar el desastre anterior. Tampoco la garra y las ganas de un Axl Rose que se corrió el escenario de punta a punta, tal vez sin percatarse del gigantesco karaoke a volumen de living que protagonizó durante casi toda la noche.

Por si fuera poco, el hecho de que remozadas e interesantes versiones de “Knocking on Heaven’s Door” y “Don’t Cry” hayan signado la nota distintiva del espectáculo corrobora nuestra hipótesis de que el polémico capitán debiera replantearse cómo encarar futuras acciones: si desde el lugar fingido de una banda en la que “no pasó nada y todo sigue igual” o si desde una perspectiva renovada y en vistas a lo que vendrá.

IV. Coda. A la salida, las caras del público eran elocuentes. Sin muestras de conformidad, de alegría, la desconcentración se desarrolló en medio de un silencio de partido perdido. Con un poquitín de criterio se podía inferir que se acababa de presenciar un show flojo, pero flojo de verdad, de esos que no dan ganas de recordar, menos de repetir.


Set-list: Chinese Democracy - Welcome To The Jungle - It's So Easy - Mr. Brownstone – Sorry- Better - Live And Let Die - If the World - Rocket Queen - Street Of Dreams - You Could Be Mine - Sweet Child O' Mine - November Rain - Don't Cry - Out Ta Get Me - Knockin' On Heaven's Door - Nightrain. Encore: Madagascar - Whole Lotta Rosie - Patience - Paradise City.