jueves, 20 de mayo de 2010

Gemas de los '80 (cap. II)

TALKING HEADS – Remain In Light (1980)



Al día de hoy, los Talking Heads son una de esas bandas que no se han dejado seducir por ningún cheque en blanco, y tal vez sea mejor así. Sería una verdadera pena y un total desatino que la carrera de una de las bandas norteamericanas más creativas e interesantes quede salpicada por una intentona de reunión fraudulenta, de las cuales hay varios desgraciados ejemplos.

Es que por fuera de estas suposiciones, lo que permanece son los discos, esos que tan poca atención reciben hoy en día gracias a las “libertades” que ofrecen los ya no tan nuevos formatos digitales, amén de la tan mentada falta de tiempo, ocupado en cosas útiles como chusmear a precio módico en Facebook o jugar a la Play Station.

Como sea, el espesor de Remain in Light, obra cumbre de los cabezas parlantes, resultará poco recomendable para los que creen que la carrera de los Heads empieza en “Psycho Killer” y termina, sin mediación alguna, en “And She Was” (ojo: ambos temazos).

“Permanece iluminado”, “permanece en luz”, o como se quiera traducir, abriga, paradójicamente, ocho canciones extensas, oscuras, aunque no exentas de frenetismo e instigación al baile y al movimiento, en lo que sería un punto muy alto mas no la culminación de la búsqueda polirrítmica y multiétnica de los neoyorkinos, y que posteriormente desarrollará David Byrne en solitario.

Mucho tuvo que ver en la arquitectura de este verdadero enjambre ultrapercusivo, de graves pronunciados y abundantes chispazos de sintetizadores y programaciones, la decisión de Byrne de delegar buena parte del trabajo material e intelectual tanto en el productor Brian Eno como en el guitarrista Adrian Belew (quien luego trabajará con King Crimson), responsable de austeras intervenciones en las seis cuerdas (todo lo cual sería disparador de no pocas tensiones con los miembros históricos Chris Frantz, Tina Weymouth y Jerry Harrison) que matizan varios pasajes de este disco complejo y cautivador.

Remain In Light, en definitiva, además de ahorrarnos el trabajo de atender a varios grupejos actuales que se autoproclaman originales (Vampire Weekend, por ejemplo), también, y por si fuera poco, entrega unas observaciones imperecederas tanto acerca del vacío de los estilos de vida deseables y los modelos de éxito (“Once In a Lifetime”) como de las apariencias plásticas (“Seen And Not Seen”), algo con lo cual más de uno debiera sentirse aludido. Imprescindible por donde se lo mire.



THE CLASH – Sandinista! (1980)



¡Renuncie, montonero Strummer! Si London Calling (1979) era ya una soberbia muestra de eclecticismo musical y discurso combativo, pues Sandinista! lleva la idea hasta la exageración.

En esta enciclopedia del año 1980, el radicalismo político de este grupo genial sobrevuela la totalidad del producto: desde el título que denota empatía con el proceso revolucionario nicaragüense, la hoja-panfleto de las letras (“The Armagideon Times, nº 3”), la predominancia de tonos rojizos en el packaging, hasta los varios textos que dan cuenta de un sistema colapsado y de pueblos en pie de guerra. Y además, el gesto: editar un LP triple por el precio de uno (doble en el formato CD) conteniendo un material que vuelve a desmentir la pretendida tosquedad punk y exhibe, en cambio, prolijas ejecuciones y un gusto refinado y abierto, que oscila sin orden coherente, a lo largo de sus treinta y seis tracks, entre restallantes rocks, pasajes jazzísicos, excursiones dub, rap y elucubraciones varias. Para degustar con un whisky y luego levantarse en armas. O no.

viernes, 7 de mayo de 2010

Gemas de los '80 (cap. I)


Intro

Muchos consideran a la década de 1980 como un período crítico para el rock y el pop, cuando no una especie de “década perdida” signada por un proceso de berretización, banalización, etc. de la música popular; argumento que, más allá de tener algo de cierto, me atrevo a afirmar: hace agua por todos lados. Lo que no quiere decir, empero, que nosotros adhiramos a esa absurda ola de nostalgia ochentosa –de la cual me ocuparé en otro momento– impulsada cual manotazo de ahogado por la agonizante industria musical y sus aparatos (VH1, por ejemplo), y que flaco favor le hace a las grandes obras y grandes conjuntos que vieron la luz o explotaron durante ese decenio.

Lo cierto es que en este periodo el pop anglosajón-occidental sufre un proceso de transformación que incluye: la desintegración, reformulación o simplemente decadencia de los grandes dinosaurios; los ecos y huellas ya indelebles del punk; la aparición de MTV y el endiosamiento de la promoción audiovisual; la apuesta de las cadenas masivas por el pop bailable; y, rodeando todo esto: un contexto de desindustrialización, de naturalización de la tríada consumismo-hedonismo-conformismo, vertiginosos cambios geopolíticos, transformaciones exponenciales en materia de comunicaciones y triunfo del capitalismo financiero, todo con el aval de teóricos que, desde sus confortables think tanks, pregonaban ficciones estúpidas como la del “fin de la historia”.

Como sea, está en nosotros, y ése es el objetivo de esta serie de entradas, la decisión de meterse en el barro y sacar de allí, simplemente: cosas que valgan la pena. No desechar ni reivindicar. Encontrarán, entonces, en este y en los capítulos que siguen, tanto muestras del rock/pop más sofisticado, como saludables arrebatos independientes y, claro está, obras que incluyen esas canciones con las que los asistentes a fiestas “de buena música” enloquecen.

Desde ya que aceptamos sugerencias, divergencias, aportes, insultos y cartas bomba, pero siempre recordando: ESTO NO ES UN RANKING DE “MEJORES”. Pop is Dead se opone, y siempre se opondrá, a ese tipo de clasificaciones. Se trata meramente de un capricho ilustrativo. ¡Salud!


XTC – Skylarking (1986)



XTC en su momento debe haber sido uno de los grupos británicos más prolíficos jamás surgidos, aunque su incansable producción de LP’s, singles, lados B, bootlegs y lanzamientos bajo seudónimos tal vez responda a su temprano retiro de las giras –y su consecuente despliegue de tiempo y energía– hace ya casi treinta años, debido al incurable pánico escénico del vocalista, guitarrista y creador Andy Partridge; algo que su coequiper y no menos creador Colin Moulding debió aceptar sin chistar.

En esta producción de 1986, el grupo desarrolla un arsenal de melodías de impecable factura, talladas con una minuciosidad de orfebre y dotadas de una envidiable imprevisibilidad, lo que sin embargo no se traduce en derrape. El carácter atemporal de las composiciones ubica a esta genialidad dentro de una línea de pop británico que va desde los Kinks, los Small Faces y los Beatles psicodélicos, hasta la new wave más inspirada, lo cual es reforzado por textos plenos de una muy inglesa carga de melancolía, referencias meteorológicas (“1000 Umbrellas”, “Ballet For a Rainy Day”) y campestres incluidas (“Summer’s Cauldron”, “Grass”), más un quilombito político-religioso (“Dear God). Una joya.



PREFAB SPROUT – Steve McQueen (1985)



Liderada por Paddy McAlloon, esta banda formada en el ocaso de la década del ’70 desplegó su originalidad de manera intermitente a raíz de los constantes problemas de salud de su jefe.

La segunda placa de estos ingleses, cuyo título homenajea sin vueltas al célebre hombre duro del Hollywood de antaño, se destaca por su pulcritud no exenta de misterio, así como también por una ejecución notable a la que se le ha adjuntado una justa dosis de experimentación. Pero tanta asepsia de laboratorio, coronada por límpidos colchones de teclados y la dulce voz de McAlloon –secundada por los coros casi subrepticios de la teclista Wendy Smith–, más la cuidada producción del genio loco Thomas Dolby, no alcanzó para hacer de Steve McQueen una pieza estrictamente radiofónica, lo que depositó a esta obra maestra dentro del recinto de lo sagrado.

“When Love Breaks Down”, “Appetite”, “Horsin’ Around”... quedarse con un título sería un tremendo acto de injusticia respecto de este gran disco que, seguramente, y más allá de su sonido algo frío y distante (espíritu de época, le dicen), colmará las almas de los que estén en búsqueda de un mix entre sofisticación y riesgo calculado.