jueves, 17 de junio de 2010

Gemas de los '80 (cap. IV)

THE SMITHS – The Queen is Dead (1986)



Promediando los ’80, no conformes con sus dos sobresalientes elepés y la marea de singles resultante de cada destello de inspiración de la dupla compositiva Morrissey/Marr, los Smiths despachan en las bateas esta obra maestra del pop rock que funciona como un breve e implacable muestrario de la enorme capacidad de esta agrupación para articular piezas de gran belleza y fina construcción melódica y lírica.

En este magistral álbum, la ponzoñosa poesía de un inspiradísimo Morrissey (“Bigmouth Strikes Again”, “The Queen Is Dead”) se concede paseos por el romanticismo más dramático (“There’s A Light That Never Goes Out”, “I Know It’s Over”) cuando se aparta del sarcasmo habitual a la hora de hablar de sexo (“Never Had No-one”, “Some Girls Are Bigger Than Others”) y de las apologías del perdedor, así como también en el plano estrictamente musical la lucidez de la banda saca chispas a las capas de guitarras superpuestas de Johnny Marr y a los cimientos apuntalados por Andy Rourke y Mike Joyce.

Aun sin constituir la culminación de la capacidad creativa de los mancunienses (prueba de ello será el sucesor Strangeways, Here We Come), The Queen Is Dead marca un punto de no retorno que permitirá que los años corran y la prensa inglesa persista en su afán de descubrir a la nueva “mejor banda desde The Smiths”.

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JOY DIVISION – Closer (1980)



“Estoy avergonzado de la persona que soy”, dice Ian Curtis en “Isolation”, pero esa confesión es un poroto al lado de la sumatoria de tristeza, muerte y putrefacción que exuda Closer, disco-epitafio en el que puede apreciarse al célebre conjunto de Manchester estirando su música y dotándola de una dureza aún mayor que la que pregonaba el promisorio Unknown Pleassures (1979); el cual acompañado por febriles actuaciones, tempranamente colocaría a Joy Division a la cabeza del proceso conocido como post-punk.

Podría decirse que el álbum póstumo de este grupo harto influyente, as de espadas del sello Factory (cf. el filme 24 Hour Party People, 2002), simplemente añade aspereza maquinal al bonito contrapunto entre las estridencias dibujadas por los futuros New Order y la voz grave y tenebrosa de Curtis, esa que, contagiada de reverberancia, entre tanto canto fúnebre y miseria humana sin embargo parece navegar en pos de algo superior y trascendente.

Pero, en una mirada más amplia, además de cerrar (trágicamente) un capítulo fundamental del rock contemporáneo, Closer deja estampado un real manual de estilo, ora para multitud de agrupaciones que venían rondando por ahí, ora para las que más tarde o más temprano quedarán embelesadas con el sonido envolvente y siniestro de esta banda única.

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miércoles, 2 de junio de 2010

Gemas de los '80 (cap. III)

ECHO AND THE BUNNYMEN - Heaven Up Here (1981)




Crocodiles (1980), el auspicioso debut de estos oriundos de Liverpool, había preparado el terreno de manera adecuada para un real salto de calidad, que Heaven Up Here trae consigo gracias a su más acicalada producción y mayor énfasis en las texturas, lo que posibilitó un desarrollo verdaderamente magistral de la angustia, euforia y desesperación que revelan la música y las letras del grupo encabezado por Ian McCulloch y Will Sergeant.

Guitarras que se entretejen, se repelen y vuelven a encontrarse, bajos reforzados con modulaciones, baterías efectivas, y pinceladas de teclados y drum-machines primitivas, delinean gélidos paisajes sonoros con un halo de grandilocuencia, ideales para poner en escena las oscuras situaciones y cuestionamientos articulados por un joven McCulloch, mil veces más versátil que hoy.

Canciones como “Over The Wall”, “No Dark Things” y “Heaven Up Here”, densas, nerviosas, ejemplifican la capacidad de la agrupación para complementar las altas frigorías de su fórmula de aquel entonces con los ecos de The Doors.

Con este áspero LP los Bunnymen lograrían sin embargo un éxito comercial interesante en su país, aunque nada contradictorio con su temprano status de banda de culto, del cual nunca se despegarán pese a los subsiguientes intentos por moderar la dureza de su arte.



THE TEARDROP EXPLODES – Kilimanjaro (1980)




A diferencia de sus vecinos de los Bunnymen, tanto la breve discografía de The Teardrop Explodes como la posterior e interesantísima carrera solista de su excéntrico vocalista, bajista y compositor Julian Cope, son candidatas eternas a figurar en el Top Ten de las mayores injusticias en torno a la falta de reconocimiento a gran escala.

Hoy de colección, el debut de esta banda co-protagonista de la explosión neopsicodélica de fines de la década de 1970 profesa cualidades hipnóticas que circulan en torno a la acumulación de estructuras económicas, ágiles e intensas que parecen navegar entre las relaciones obsesivas, la paranoia y hasta los problemas familiares en lugar de hundirse en metáforas espaciales o experiencias místicas.

El colorido pop del exquisito single “Treason” y maravillosas melodías como “Sleeping Gas” y “When I Dream” ("I go bababababbabababababa ooooh...”) se destacan en este trabajo mítico que adolece de una producción algo plana y que será sucedido por el más oscuro Wilder (1981) y la posterior disolución del grupo.