martes, 17 de agosto de 2010

Gemas de los '80 (cap. VI)

SIOUXSIE AND THE BANSHEES – Juju (1981)




Parece que tempranamente varios caza-talentos corporativos han dado batalla por hacer firmar a Susan Ballion (Siouxsie Sioux) y sus pintarrajeados forajidos, cuyas primeras andanzas no pasaban, sin embargo, de caóticos jams pletóricos de aullidos, distorsión, cuero negro y tachas. Nuevamente, la maquiavélica capacidad ejecutiva de ver oro en la convulsionada juventud inglesa de mediados de los setenta permitía el desarrollo artístico de uno de los más interesantes subproductos del punk, Siouxsie and The Banshees, cultores privilegiados del dark/gothic.

Al igual que Kaleidoscope (1980), su rutilante antecesor, el cuarto trabajo de los Banshees se encomendó a la doble tarea de consolidación y máximo aprovechamiento de unos beneficiosos cambios en la alineación.

Como resultado, el brillo de Juju se desparrama por todos lados. Claro que su cohesiva materia sonora mucho le debe al espléndido trabajo guitarrístico del ex Magazine John McGeoch (muy admirado por guitarristas creativos como Johnny Marr), que llena de flanger y punzantes fraseos las dramáticas elegías escupidas por la más lóbrega Siouxsie, y al interesante juego percusivo del baterista Budgie, en el que predomina el uso de los toms graves en detrimento de los platos. Pero lo que se destaca globalmente es un impecable trabajo melódico, operado a través de estructuras densas, electrificadas, cautivadoras, amén del embrujo vocal de una de las grandes damas del rock.

La nula distancia entre los estupendos singles “Spellbound” y “Arabian Knights”, de acechantes melodías y sombría imaginería lírica, y otras piezas como “Into the Light” y la apabullante “Voodoo Dolly” (con reminiscencias de los Doors y Velvet Underground), colocaría a Juju a la cabeza de la era dorada de la agrupación, verdadero faro para varios contemporáneos pero sobre todo para futuros colegas como Garbage o Placebo.




THE CURE – Disintegration (1989)




El combo gótico liderado por Robert Smith despide la década con un disco soberbio que apenas editado se convertiría en un imprescindible, privilegio que pasará a compartir con no menos de tres, cuatro, cinco discos anteriores de factura propia, lo que sin duda dificulta cualquier elección ilustrativa de solo uno de ellos.

Ecualizado para favorecer la escucha a volumen alto, Disintegration propone, en sus 72 minutos, un homogéneo mar de claustrofóbica congoja, plasmado con una expresividad que lleva a planos magistrales la máxima dark de tornar sublime un sencillo juramento de amor verdadero, como el del hit “Lovesong”, o bello y revelador un canto de desesperación como el de “Closedown”.

Smith construye el imponente muro de sus lamentos con la seguridad de quien goza días de plena inspiración, apoyado en el contundente respaldo que le otorga una de sus mejores formaciones –si no la mejor–, que incluye a Simon Gallup, Porl Thompson, Roger O’Donnell y Boris Williams en bajo, guitarra, teclados y batería respectivamente.

“Pictures of You”, “Lullaby”, “The Same Deep Water As You” y “Untitled” son algunos de los grandes momentos de un álbum sin desperdicio, cuyos tracks presentan una duración promedio poco recomendable para el oído habituado a la inmediatez. Para el resto, bon apetit