viernes, 16 de diciembre de 2011

Mini reviews 5


DEPECHE MODE – Some Great Reward (1984)



Cuarto álbum de Depeche Mode, pero acaso su primer gran disco, coherente, sin fisuras, donde se perfecciona lo iniciado en Construction Time Again (1983), esto es, la instalación definitiva del sampler en la vida musical del cuarteto de Basildon. Some Great Reward, pues, brilla justo donde fallaba su antecesor: en la combinación de tecnología de punta con buenas canciones. El grave registro de Gahan por fin adquiere la seguridad que reclama el endurecimiento musical; la pluma de Gore gana lucidez para retratar la vida gris de la gente común y sus vías de escape poco ortodoxas (cuero negro, sadomasoquismo, ambigüedad sexual) y los sintes desparraman calculadas pinceladas por doquier. Indudablemente influenciados por una oscura Berlin y sus célebres estudios Hansa, más el orden impuesto por Gareth Jones, los Depeche inician su ascenso artístico anticipando algo… una celebración bastante negra.

Claves: “Somebody”, “Master and Servant”, “Blasphemous Rumours”.

—————————————————————————————————

MIKE OLDFIELD – Tubular Bells 2003 (2003)



Imaginen qué ocurriría si Jimmy Page se encerrase en el estudio a rehacer Led Zeppelin IV (1971) nota por nota, pero con las posibilidades técnicas actuales, o si Robert Fripp reuniera al mejor Crimson para regrabar Red (1974). Sería un despropósito, ¿no? Como mínimo. 

Pues bien, Mike Oldfield tuvo esa misma idea en el aniversario 30º de su Tubular Bells (1973), y lo que podría, o mejor dicho, tendría que haber sido destinado a algún box set solo para fanáticos, terminó impunemente en las bateas de todo el globo, perpetrando otro descarado acto de caradurismo musical. 

La famosa obra del compositor inglés, tal vez pionero del new age, aparece aquí calcada aunque librada de ligeras desafinaciones e incorrecciones de la interpretación humana que los remasters no pudieron solucionar, pero que el músico se encarga de subsanar mediante la recreación total con una ayudita de la empresa Roland Inc., algo así como pasarle lavandina a un lindo piso de parquet. 

Lo que seguramente no imaginó Mike es que Tubular Bells 2003 sería en poco tiempo fácilmente hallable en polvorientas bateas de feria, allí donde se pueden encontrar verdaderos tesoros, pero donde también se apila un enorme, creciente caudal de discos que nadie, pero nadie quiere.

—————————————————————————————————

BRIAN MAY – Back to the Light (1992)



Rodeado de músicos de sesión, Brian May despliega el particular sonido de su Red Special y sus inquietudes –ya sobradamente tratadas en Queen– en un álbum poco imaginativo, dotado de no pocas obviedades melódicas, un dudoso sentimentalismo y una duración insalubre. 

Pese a ser un proyecto de larga data, las kilométricas líneas de agradecimientos denotan el jugo extraído a las circunstancias recientes (el fallecimiento de Freddie Mercury y el concierto tributo), lo que podría leerse como liso y llano oportunismo. Forzados hard-rocks (“Love Token”) y vanos intentos de emular la efectividad de viejas fórmulas (“Let Your Heart Rule Your Head” se parece a “39”) se encargan de relativizar las buenas intenciones, y Back To The Light queda reducido en el acto a un disputado objeto de colección destinado a enaltecer aún más la obra de Queen y la química de este gran guitarrista y compositor con sus viejos compañeros. Luego de esto, May no se mostrará muy perseverante en cuanto a su carrera solista.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Personal Fest, día 2, 05/11/11: Sonic Youth e INXS






INXS



La historia del rock no abunda en ejemplos de grupos hayan sobrevivido con altura a la partida física de su cara visible. Algunos, los que apostaron por la dignidad, optaron, o bien por la disolución y dedicación a proyectos propios, o bien por el reagrupamiento y el sostén de propuestas novedosas, diferentes, como el caso de Joy Division devenido en New Order tras el suicidio de Curtis.

Pero hay otra facción, más sospechosa, que revuelve legados, arruina discografías, ensaya material nuevo –por lo general de calidad baja– como mera excusa (casi un pedido de permiso), y testea reemplazos con una tenacidad asombrosa, inclusive incurriendo en la vieja y perversa fórmula de “el fin justifica los medios”. La buena salud que goza el conformismo del hit pretérito parece legitimar este fenómeno auto-tributario. Este INXS, pues, saldrá al escenario a cumplir las modestas expectativas de sus fans argentinos y juntos, durante hora y veinte, intentarán justificar el slogan de esta edición del Personal Fest.

La exhumación permanente de los hermanos Farriss esta vez contó con los servicios del bueno de Ciaran Gribbin, un joven irlandés con un registro muy similar al de Bono, quien en su segundo show con la banda se cansa de entregar gastados clichés de estadio, y también de repartir, entre tema y tema, elogios a sus jefes australianos (de precisión y oficio indiscutibles) y a su malogrado antecesor. Los éxitos de antaño (“By My Side”, “Suicide Blonde”, “Devil Inside”, etc.) se suceden en versiones fieles, y algunos hasta presentan modificaciones, poco afortunadas en el caso de “Original Sin”. También ve la luz una pieza nueva, “Tiny Summer”, posiblemente condenada a la intrascendencia.

Por su parte, la interpretación de Gribbin no otorga a las canciones nada diferente a lo que podría haber ofrecido cualquiera de sus compañeros de audición. Su performance no imita a la de Hutchence, lo cual es un acierto, pero su futuro está sin dudas atado al balance de los veteranos fundadores, quienes tarde o temprano decidirán si el chico se queda o si tiene que pasar a buscar el cheque por la oficina.



SONIC YOUTH



Lo de los neoyorkinos sí que es difícil de describir. Tomaron el escenario con retraso, gracias a la perorata que el grupo de moda (Calle 13) desparramó en el escenario contiguo, y arrancaron su segundo show en esta ciudad a la manera de una banda mítica, acorde con su leyenda, su historia y su legado, a esta altura, una especie de secreto para unos pocos. La huida de gran parte de la concurrencia al finalizar el set de los puertorriqueños así lo demuestra.

Si el comunicado de la separación del matrimonio vertebral de la bajista y cantante Kim Gordon y el guitarrista y cantante Thurston Moore no se hubiese hecho público, la previa hubiese sido un poco más feliz, despojada de la tristeza que provoca la posibilidad de una ruptura grupal. Ahora bien, en los papeles, el devenido quinteto ejecutó su tormenta eléctrica con una desfachatez bastante lejana a la de una despedida.

Inaugurado con “Sacred Trickster”, el show, que careció de fisuras en su recorrido inductor del trance, permitió al par de miles de participantes de esa experiencia contemplar boquiabierto y en silencio un espectáculo más sensorial que musical. Expliquemos: la propuesta de Sonic Youth consiste, desde hace tres décadas, en explorar a su modo el límite de la canción, lo que se tradujo en una extensa discografía donde la estructura es desafiada y el estribillo es insultado, y se privilegia el acople, la ejecución a través de elementos poco ortodoxos, las afinaciones extrañas (herencia de Glenn Branca), los climas y clímax y una poesía marginal, cuestionadora de los sueños de la vida moderna.

La ruta elegida para la noche del sábado no se ahorró puntos altos de la obra sónica: “White Cross”, “Cotton Crown” (del elemental Sister, de 1987), “Tom Violence” (EVOL, 1986), “Cross the Breeze”, la esperada intervención de Lee Ranaldo en “Hey Joni”, por mencionar algunos, conformaron un set que pudo haber sido simplemente magistral si la producción no hubiera apurado el final del ritual prendiendo las luces en el momento cúlmine de “Sugar Kane” y cortando el sonido luego de la última nota, lo que derrumbó la posibilidad del bis pautado, nada menos que “Teen Age Riot”, ausente en su visita anterior.

Empero, esta barrabasada organizativa, que se suma a otras cuantas que sería extenso desarrollar, no alcanzó para borrarle la sonrisa al apabullado espectador, que se retiró del predio soñando con que no, con que esto no se termine.

martes, 18 de octubre de 2011

Mini reviews 4





THE DOORS – Strange Days (1967)



Magistral segundo álbum de la banda californiana encabezada por el enigmático Jim Morrison, hombre de profunda voz e inigualable carisma que meses antes de esta edición había osado vaticinar el final del sueño hippie en su momento de plenitud. Con esta colección de bellas y lisérgicas canciones de exquisito caudal melódico, los Doors ratifican los alabados logros del debut aparecido ese mismo año. La fina y oscura poesía de Morrison navega por los surcos con la implacable seguridad que le proporciona el nivel interpretativo de la tríada Manzarek/ Densmore/ Krieger, cuya versatilidad pasea gentilmente al oyente por delirantes experiencias chamánicas (“Horse Latitudes”) y elegantes rocks con toques bluseros (“Love Me Two Times”, “Moonlight Drive”) antes de arribar al final épico de “When The Music’s Over”.

—————————————————————————————————

CANSEI DE SER SEXY – Ídem (2006)



El primer larga duración de esta banda indie paulista conocida mundialmente abunda en ritmos bailables y contagiosos complementarios con la sugerente voz de la cantante Lovefoxxx, quien no se ahorra referencias sexuales explícitas, lo que eleva la temperatura y carga adrenalínica de la audición. Sin embargo, toda esa mixtura de electro-pop, dance, new wave y rock alternativo, enriquecida con variados recursos instrumentales, tiende a perderse en desarrollos anodinos, y el hedonismo gana definitivamente la partida. Y he ahí el gran debate que parece contener Cansei de Ser Sexy: el que separa una simple noche descontrolada de un porvenir fructífero.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Soda Stereo revisitado VII



Hoy en día es habitual que los artistas se tomen entre dos y cuatro años para sacar a la calle material nuevo. Pero antes, cuando las reglas del juego eran otras, semejante lapso podía dar lugar a pensar en una separación, o en el mejor de los casos, en un largo e indefinido descanso. En el caso de Soda, este silencio fue testigo de la gestación y ascenso del rock barrial, coherente con el proceso político en curso, y también del apogeo del llamado Nuevo Rock Argentino, encabezado, entre otras, por bandas que habían sido elegidas para telonear al trío en la presentación de Dynamo, como Babasónicos y Juana La Loca.

Pero así como el hiato permitió la primera incursión solista de Cerati (Amor Amarillo, 1993), también posicionó al grupo como un “clásico” habilitado para tomarse cualquier concesión, inclusive la de considerarse a sí mismo como tal. Por ello, exasperadamente conscientes de su status dentro de la escena, y quizás ya pensando en cerrar el círculo, Gustavo, Charly y Zeta encaran su nuevo material mirando “hacia adentro”, es decir, basándose en su propia obra, aunque, cuándo no, con un ojo puesto en lo contemporáneo. El paralelo con el Abbey Road beatle que establecía Cerati en una entrevista para MTV no era casual ni caprichoso. Grabado en Londres y Buenos Aires, Sueño Stereo será una especie de resumen, un autohomenaje, cuyos primeros ensayos también tendrían cualidades terapéuticas no sólo para un Bosio golpeado por la tragedia, sino para un grupo cuya ruptura se venía gestando al menos desde 1991.

“Ella usó mi cabeza como un revólver”, con su título extraído de “Planet Queen” de T Rex, abre con todo un disco cuyos tracks revelan un origen de zapada patente en largas introducciones y desarrollos cansinos, apenas sacudidos por el pop saltarín de “Zoom”, el rock sinuoso de “Paseando por Roma” y el voltaje de “Ángel Eléctrico”. Asimismo, el trío navega con comodidad por bellas lagunas electroacústicas (“Crema de estrellas”, “Pasos”, “Efecto Doppler”), se da el gusto de propinar una página ambient (“X-Playo”), y amplía, líricamente, una cosmovisión mística que alcanza su pico en “Planta”, derivada de una experiencia chamánica.

El disco será muy bien recibido por crítica y público, y la serie de ocho shows en el Gran Rex mostrará a un Soda cómodo, sonriente, orgulloso de un material que no desentonaba con los grandes éxitos de su carrera (como sí lo hacía la propuesta de su antecesor), ante un público fiel y renovado. También persistieron (aunque por fuera de esta serie de conciertos) gestos de apadrinamiento hacia una nueva generación de músicos alternativos, que vieron u oyeron en la bestia pop una legitimación de unas sonoridades «otras», opuestas al tenaz conservadurismo que empezaba a propagarse como nube de gas venenoso. Y mientras las especulaciones sobre el futuro del grupo se diluían con declaraciones crípticas, el material sobrante del flamante álbum y una invitación de MTV mantendrían el kiosco abierto un tiempo más.


Tracks: Ella usó mi cabeza como un revólver - Disco eterno - Zoom - Ojo de la tormenta - Efecto Doppler - Paseando por Roma - Pasos - Ángel eléctrico - Crema de estrellas - Planta - X-Playo - Moirè.

Links: 

Blur – The Great Escape (1995)
Stereolab – Mars Audiac Quintet (1994)
Spiritualized - Pure Phase (1995)



miércoles, 14 de septiembre de 2011

Soda Stereo revisitado VI



El año ’92 encuentra al cerebro de Soda Stereo directamente obsesionado con la idea de tomar distancia, al menos en lo musical, de cuanto lo rodeaba. Ya el Rex-Mix (1991) y su inédito "No necesito verte (para saberlo)", y las versiones tecnificadas de “Prófugos” y “En camino” desplegadas en el último año anticipaban el camino abierto, primero por influencias de la Inglaterra de avanzada, luego por su sociedad cada vez más fructífera con Daniel Melero y, en última instancia, por el hecho de contar con estudio propio (Supersónico).

Colores Santos, el impar experimento firmado por Cerati/Melero, perpetrado en el muy bien provisto búnker de Villa Urquiza, constituyó el primer factor de desorientación para los desprevenidos fans. Y mientras el luminoso mantra de “Vuelta por el Universo” se desparramaba forzadamente en la programación radial, el trío daba forma a Dynamo, su disco más rupturista, el que recogería las vibraciones del cimbronazo indie facilitado por la movida de madchester y el shoegaze.

Este salto de eje implicará un uso masivo de efectos de modulación, samplers, estructuras hipnóticas, y una mirada que, a contramano del creciente realismo noticiario, dirigiría sus coordenadas hacia lo más profundo del inconsciente. ¿Qué quedaba, entonces, «de aquel amor de música ligera», ante tal abrazo a la introspección y al ruido blanco generado por capas y capas de guitarras y teclados? A simple vista, poco. “Primavera 0” sería la conexión elegida por la compañía, a pesar del grupo, para intentar sostener una escucha a gran escala.

De este modo, tal como insinuaba un joven Pablo Schanton en una revista de escasa circulación, la gran bestia pop se hacía depositaria de un gesto, el de “entrenar” el convencionalista, limitado y poco informado oído masivo argentino: electricidad para las masas. Como era de esperar, el fan promedio huirá despavorido de la (des)carga energética que supone Dynamo.

Como para redondear ese gesto, la misma banda que apenas un año antes reunía a un cuarto de millón de personas en la 9 de Julio, presentaría su flamante álbum en un Obras teñido de rojo, y sostendría en ese recordado ciclo a un puñado de bandas alternativas emergentes. Entretanto, a unas pocas cuadras, el peor Serú Girán materializaba una de las reuniones más fraudulentas y patéticas que se recuerde. Un lindo contraste que, a causa del colapso humano y la interrupción abrupta de la gira consecuente, no podrá ser disfrutado de manera plena.


Tracks: Secuencia inicial - Toma la ruta - En remolinos - Primavera 0 - Camaleón - Luna roja - Sweet Sahumerio - Ameba - Nuestra Fe - Claroscuro - Fue - Texturas.

Links: 

My Bloody Valentine – Loveless (1991)
Ultra Vivid Scene – Joy 1967-1990 (1990)
Babasónicos – Pasto (1992).

sábado, 3 de septiembre de 2011

Soda Stereo revisitado V



La nueva década puso al trío ante una encrucijada: repetir el esquema de exasperante normalidad testeado en Doble Vida o redoblar la apuesta e integrar la nueva información que llegaba y volaba la cabeza de Gustavo Cerati, quien asimismo atravesaba una etapa de recupero de viejas pasiones valvulares. Había corrido agua bajo el puente. La escena independiente, a ambos lados del océano, era un hervidero. La siempre ultra-receptiva antena del líder de Soda recibía con gozo estos nuevos estímulos, en parte auspiciados por el nuevo colaborador, Daniel Melero, hombre difícilmente asociable a una producción complaciente.

Así pues, Soda inaugura la nueva década a puro guitarrazo y dotando a su factoría pop de un tinte dramático y visceral. Si el riff que ametralla “En el séptimo día” anticipa algo, es esta verdadera celebración del instinto donde aparecerá el sexo salvaje, el resentimiento, la soledad y la angustia, ideas coherentes con un imponente marco musical que dinamita las dubitaciones del trabajo anterior. La base Bosio-Alberti suena como nunca y hasta los momentos acústicos, como el spinetteano “Té para 3” o “1990”, cargados de finos arreglos melódicos, sustentan sin fisuras la cruda idea matriz.

Pese a su horrible portada, Canción Animal sería rápidamente reconocido como la definitiva obra maestra del grupo más exitoso de América Latina, presto nuevamente para arrasar de manera alevosa en todos los aspectos posibles: encuestas, ventas, convocatoria. Soda Stereo pronto conocería hitos que hablarían de un gigantismo prácticamente imbatible. La interminable Gira Animal, dos Vélez repletos en 1990, catorce Gran Rex en julio de 1991 y el concierto en la Av. 9 de Julio de diciembre de ese año, donde se congregarían al menos doscientas mil almas, confirmarán un pico de popularidad que, no obstante, hará mella en un trío cansado y ya con signos de deterioro interno.

A nivel suceso, más lejos no se podía llegar. En declaraciones de Cerati registradas días después del megashow porteño, en consonancia con el grito de auxilio que suponía el hit “Hombre al agua”, aparecía la idea parar la pelota o, al menos, barajar y dar de nuevo; seguir la corriente llevaría indefectiblemente al quiebre emocional y físico, y eso, obviamente, no le convenía a nadie.


Tracks: (En) El séptimo día – Un millón de años luz – Canción Animal – 1990 – Sueles dejarme solo – De música ligera – Hombre al agua – Entre caníbales – Té para 3 – Cae el sol.

Links: 

Pescado Rabioso – Desatormentándonos (1972)
The Stone Roses – Ídem (1989)
Ride – Nowhere (1990).



martes, 23 de agosto de 2011

Soda Stereo revisitado IV




Los Soda y su comitiva incursionan en los Estados Unidos una vez que se perciben bien instalados y cómodos en “la cúpula”. Si la América hispanohablante había sucumbido ante el embate sodino, ¿por qué no asomar en uno de los puntos neurálgicos de la cultura de Occidente? El presupuesto daba para ello, y además en el sur la cosa se venía a pique una vez más. El próximo álbum sería registrado íntegramente, entonces, en “la ciudad que nunca duerme”.

En su afán por encarar su sonido a la manera del mainstream angloparlante y poner pie en el mercado norteamericano, el trío contrata los servicios del productor y músico Carlos Alomar (David Bowie, Mick Jagger) para este trabajo que hará hincapié en lo funky a la hora de sellar su nota distintiva. En su desarrollo, la influencia de una Nueva York reluciente contrastará con imágenes de una Buenos Aires en vías de caos, y es justamente ese espejo, sumado a una producción excesiva y estilizante, el que hará de Doble Vida una obra notablemente irregular.

El álbum parece desplegar una especie de “doble concepto” que traza una línea entre la nocturnidad cool y reventada del ambiente estelar, y la asfixiante histeria hiperinflacionaria reinante en tierra natal. El primer eje entrega puntos débiles (“El ritmo de tus ojos”, “Los Languis”) y la intersección entre ambos también (el rap de “En el borde”). Los grandes momentos, esas canciones que sabemos todos, y que convertirán a este disco en uno de los favoritos de buena parte de las huestes soderas, surfean en este mar de reverberancia y mitigan la frialdad que acusa la obra. El pulso rockero, reprimido entonces, será recuperado dos años después.


Tracks: Pic-Nic en el 4º B – En la ciudad de la furia – Lo que sangra (la cúpula) – En el borde – Los languis – Día común/Doble vida – Corazón delator – El ritmo de tus ojos – Terapia de amor intensiva.

Links: 

Level 42 – Running in the Family (1987)
Duran Duran – Notorious (1986) 
Fito Páez – Ciudad de Pobres Corazones (1988)


jueves, 4 de agosto de 2011

Soda Stereo revisitado III



Para mediados de 1986 la sodamanía ya era evidente y las giras, interminables. Perú, Chile, Venezuela... los nuevos mercados hacían fila para cerrar con esta banda que estaba generando histeria adolescente por doquier, y sobre la cual también caían sonoros ataques detractores.

El contrato exigía un disco por año, y un agotado Cerati se topó un buen día con un puñado de toscas maquetas sin letra y la exigencia de entrar a grabar pocas horas después. En esa misma noche de insomnio y cristales blancos, el líder escribiría de un tirón casi todos los textos de lo que será su próxima placa, a ser registrada en los ruinosos estudios Moebio. Un concurso radial de letras y una cantante amiga (Isabel de Sebastián) taparían los últimos huecos de sequía lírica. Y sin proponérselo, bajo una presión agobiante y enormes problemas técnicos, los Soda delinearían lo que será su primera obra maestra.

Signos derrama sutileza. El trío endurece sus influencias y apela a la semiótica para desarrollar una obra plagada de apariencias, fantasías sexuales, obsesiones y objetos o personas que están pero no están. Más orgánico, acústico que su predecesor, el álbum despliega una tranquila desesperación que no descarta concesiones al baile (“Persiana Americana”, “Prófugos”), y en ese mismo movimiento comulga con el dark aún en apogeo. La crítica los elogia y el éxito es sencillamente arrollador.


Tracks: Sin sobresaltos – El rito – Prófugos – No existes – Persiana Americana – En camino – Signos – Final caja negra.

Links: U2 – The Unforgettable Fire (1985); The Cure – The Head on the Door (1986); Echo & The Bunnymen – Ocean Rain (1984); Lloyd Cole and the Commotions – Rattlesnakes (1984); Fricción – Consumación o consumo (1986).

lunes, 25 de julio de 2011

Soda Stereo revisitado II



Un lúcido escriba (Rafael Abud) arriesgó que si con su debut Soda Stereo no se convertía en el nuevo boom del rock argentino, pasaba a retiro efectivo. El productor Cachorro López les auguró un gran verano ’85, en tanto que el mejor Charly García los visita en el Teatro Astros en su búsqueda de bandas soporte. Y las canciones nuevas que el grupo iba metiendo en su ajetreo cada vez más febril ganaban en fuerza, en precisión. Tal como declarara el director de arte y amigo Alfredo Lois, la banda “ya no era una gaseosa”. Soda entraba rápidamente en su primera madurez.

Nada Personal supone un notable avance para Cerati, Bosio y Alberti, quienes endurecen su sonido sin perder enlaces con la agilidad demostrada en su placa debut. Muy seguros de sí mismos, y haciéndose cargo de su creciente éxito, los Soda encaran solos el trabajo de producción y se despojan de su aspecto más festivo para ahondar en una musicalidad más compleja y moderna, con claras intenciones de trascendencia. La lírica de Cerati, aún algo ingenua, adquiere una densitud que lo lleva a hablar de comunicaciones vacías y juegos de seducción en lugar de los bíceps de su novia. Las estridentes baterías electrónicas hacen buen juego con el sonido camaroso y cargado de delays y chorus. Los teclados del Zorrito Quintiero, a la sazón el cuarto Soda, ganan protagonismo.

El trabajo, aun sin ser brillante, deja al descubierto el afán del trío por superarse sin repetir fórmulas y eludir un futuro de olvido y reflote patético a manos de alguna siniestra ola de nostalgia. Nada Personal sube unos escalones y, a caballo de las primeras canciones de las cuales Cerati se sentirá orgulloso, deja al grupo la puerta abierta para la conquista del país primero, y luego de América Latina.


Tracks: Nada personal - Si no fuera por... - Cuando pase el temblor - Danza Rota - El cuerpo del delito - Juegos de seducción - Estoy azulado - Observándonos (Satélites) - Imágenes Retro – Ecos.

Links: Duran Duran – Seven and the Ragged Tiger (1983); The Cars – Heartbreak City (1984); David Bowie – Tonight (1984); Charly García – Piano Bar (1984).

domingo, 17 de julio de 2011

Soda Stereo revisitado I

Soda Stereo se forma durante la guerra de Malvinas, en 1982. Justamente, si hay un hecho clave para entender la explosión del rock argentino a nivel masivo fue este conflicto bélico con el imperio británico, que desató una ola de argentinidad capaz de ensalzar lo que antes se denostaba y se juzgaba peligroso, y, por parte del poder, de dar vía libre en cuanto a difusión a quienes se les solía negar, mediante la prohibición de la música cantada en idioma inglés.

Esta sistemática e interesada vuelta de tuerca no salvó de la masacre a los centenares de pibes que no volvieron del Atlántico Sur, ni dilató el final del ciclo más nefasto de la historia argentina, pero contribuyó a pesar de ella a crear condiciones favorables a la propagación de una “nueva ola” de rock local, que desembocaría en una suerte de era dorada cuyo legado sigue flotando aún hoy.

La caída de la dictadura y el consecuente retorno a la democracia devolvió la vida política a la ciudadanía, y un ambiente de fervorosa alegría y optimismo se propagó con la asunción de Raúl Alfonsín en diciembre de 1983. Esta primavera radical coincidió con el triunfo definitivo de los neoliberalismos en los centros de poder. Coherente con ello resultó el apogeo de la new wave más hedonista, que aquí tomó la forma de reacción contra las mastodónticas figuras del rock argentino de los ’70 y que confluyó con la algarabía democrática.

Gustavo Cerati choca con Zeta Bosio en la carrera de publicidad, en el año ’80. Intercambian discos de Police, XTC, Elvis Costello, Sex Pistols y Bob Marley. Se hacen buenos amigos, se juntan a zapar con otros jóvenes colegas, y transitan variedad de bandas, formaciones y experiencias hasta dar con Charly Alberti, quien andaba cortejando a la hermana de Gustavo.

La química entre los tres es instantánea, y comienza un febril paseo por el under porteño que los lleva a compartir escenario con grupos como Virus, Sumo y Los Twist. Un hombre fuerte de la CBS los ve en el pub La Esquina del Sol y les abre la puerta grande de la industria discográfica. De la mano de una hábil manera de complementar imagen, música y estética, Soda Stereo deviene velozmente en el grupo más convocante de Latinoamérica, y en un pilar del rock producido en el subcontinente.

He aquí la primera parte de su discografía comentada.






Producido por un Federico Moura sorprendido por la autosuficiencia del trío, el debut de Soda capta sólo en parte la celebrada energía cuasi-punk que solía derrochar el grupo en sus directos de ese entonces y que le había otorgado una temprana reputación entre los habitués del under porteño.

Concebido y alumbrado en pleno amanecer democrático, Soda Stereo complementa su dinámico marco musical con unas líricas inocentes que se permiten ironizar sobre la cultura “diet”, la televisión alienante y sobre las propias pretensiones como grupo.

Sin virtuosismos, los integrantes detentan fuertes roles y un gusto musical más atento a lo que ocurría en las islas británicas que al oxidado y aburrido panorama local. The Police, Madness, XTC y Specials aparecen como influencias más que obvias en este fresco primer álbum salpicado de reggae, ska y new-wave, cuyos hits más resonantes serían “Sobredosis de TV”, “Te hacen falta vitaminas” y “Un misil en mi placard”.


Tracks: ¿Por qué no puedo ser del Jet-Set? - Sobredosis de TV- Te hacen falta vitaminas - Trátame suavemente - Dietético - Tele-Ka - Ni un segundo - Un misil en mi placard - El tiempo es dinero - Afrodisíacos - Mi novia tiene bíceps.

Links: The Police – Outlandos D’Amour (1978) y Reggatta de Blanc (1979); Specials – Ídem (1979); Madness – One Step Beyond (1979); Virus – Wadu-Wadu (1981); Los Twist – La Dicha en Movimiento (1983).

lunes, 13 de junio de 2011

Mini reviews 3


PUBLIC IMAGE LTD. – First Issue (1978)



PiL surge de la necesidad innata de John Lydon (ex Johnny Rotten) de provocar algún tipo de molestia o de sembrar terror en el amplio ámbito de lo convencional. Su primera obra post-Pistols, First Issue (1978), lo muestra disparando con furia sobre sus blancos preferidos (el clero, Malcolm McLaren). Lo secunda un muro musical anárquico, corrosivo, exasperante y mastodóntico. Es que PiL es el verdugo del punk. Y es el límite del after-punk. Es la pesadilla de los fans. Es el no-ranking. Es la no-canción. Definitivamente, es el NO.

Claves: “Religion”, “Annalisa”, “Public Image”.

—————————————————————————————————

PINK FLOYD – Echoes, The Best of Pink Floyd (2001)



Esta innecesaria compilación aparece en un momento en que los rumores de reunión de la banda cobran una fuerza inédita. La “supervisión” de la misma por parte los miembros históricos había alimentado esa ola, aunque el par de entrevistas del momento diera cuenta de las fricciones de siempre. Por ejemplo, Waters, reacio a esta edición, limitaría su colaboración a proporcionar título al lanzamiento, dado el carácter “horrible” del propuesto por Gilmour. 

Pues bien, Echoes efectivamente fracasa de manera penosa al intentar hermanar las diferentes etapas de la odisea de Pink Floyd: canciones sacadas de contexto y concepto engarzadas entre sí, con nexos muy forzados o directamente artificiales (una bocina de bicicleta antes de “Bike”, un acorde en reversa entre “Us and Them” y “Learning to Fly”, etc.), versiones podadas de “Shine On You Crazy Diamond” y “Echoes”, groseros errores de selección de material… por no mencionar el carácter descaradamente lucrativo de este compendio inútil, ni siquiera apto para neófitos, perpetrado con el vil fin de aliviar los números rojos de la EMI.

Claves: remontarse a recopilaciones con más sentido como Relics (1971), o bien The Early Singles (que aparece en el box set Shine On), que contienen algún material que en tiempos pre-internet resultaba inhallable.

—————————————————————————————————

2 MINUTOS – Valentín Alsina (1994)



Estudios sociológicos han citado al disco debut de 2 Minutos como el iniciador del llamado “rock barrial”, más allá de que con anterioridad el eje territorial haya sido explorado discursivamente en cierto rock duro (Manal, Pappo’s Blues, Hermética). Y es cierto: el localizado grito anti-sistema de estos punks de la industrial zona sur del conurbano, adquiere otra dimensión en un contexto de flexibilización laboral, desempleo y violenta pauperización de las clases trabajadoras. 

Los aullidos del Mosca escupidos en canciones urgentes y adrenalínicas pintan un paisaje suburbano desolador, donde el cementerio de fábricas actúa como telón de fondo para el vagabundeo cervezal constantemente interrumpido por las fuerzas del orden. 

Verdadero manifiesto de micropolítica de la esquina, con desamores que terminan en la seccional, peleas callejeras y amigos que devienen policías, Valentín Alsina logrará constituirse en uno de los más crudos, carnales y etílicos retratos rockeros de la década menemista.

Claves: "Valentín Alsina", "Odio laburar", "Ya no sos igual".

miércoles, 20 de abril de 2011

Mini reviews. Elija y gane



IGGY POP - The Idiot (1977)



James Osterberg disuelve a los Stooges, batalla contra la heroína y vive para contarlo. Bowie acude en su ayuda y lo exilia en Berlín, donde concretan esta impactante licuadora en la que se mixturan krautrock, rock, funk, electrónica y la notable presencia de un Iggy Pop trasnochado y desahuciado. Una de las patadas iniciales del after-punk.

Claves: “Sister Midnight”, “Nightclubbing”, “Mass Production”.

—————————————————————————————————

THE STROKES – Is this it (2001)



Banda hypeada si la hubo, los Strokes y su suciedad de laboratorio irrumpen en 2001 con una ayudita de sus amigos de la NME y Rolling Stone. Musicalmente crudo, directo y guitarrero, a tono con el revival boom, es difícil encontrar en Is this it hallazgos melódicos. Atinadamente breve, este primer long play de los neoyorkinos es de escucha agradable y entretenida. No sorprende, mas no defrauda.

Claves: “The Modern Age”, “Barely Legal”, “Take it or leave it”.

—————————————————————————————————

U2 – Zooropa (1993)



Infravalorado disco de U2, que estiliza sobrantes de Achtung Baby! (1991) y entrega una obra misteriosa y cautivadora, con unos pocos momentos débiles; aquí se anotan la insulsa "The First Time" y "The Wanderer", protagonizada por el gran Johnny Cash, la cual aparece totalmente fuera de contexto. Concebido como excusa para prolongar el colosal Zoo TV Tour, Zooropa será para muchos el último rapto de calidad del cuarteto irlandés llevado al disco.

Claves: “Numb”, “Lemon, “Stay (Faraway, So Close)”.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Cerati básico revisitado: Siempre es Hoy (2002)




I. Un medio tan corrupto como Rolling Stone solo puede tener como deporte favorito el repartir a mansalva cuatro estrellas (que corresponde a la calificación “excelente”), practicado en función de no entorpecer la venta de determinados productos discográficos. Pero independientemente de los intereses en juego, lo que más molesta es la poca distancia entre lo que se lee y lo que el fan promedio quisiera leer, algo que deja al desnudo las estrategias de supervivencia de algunos críticos de vasta trayectoria.


II. Lo cierto es que para muchos de los que han intentado apartarse de la visión talibán del fanático y de los signos inequívocos de la complicada economía hogareña de los escribas, Siempre es Hoy (2002) representó el primer paso en falso en la carrera solitaria del ex Soda Stereo, o en el mejor de los casos, una rara transición. Terminaba el año 2002, y el país aún en llamas iniciaba un período de lenta pero sostenida recuperación económica. El plan de austeridad aplicado por la mayoría de los habitantes del país incluiría el rechazo de BMG a editar el sucesor de Bocanada en formato doble, lo que a la larga evitará un tropezón aún mayor.

Sin embargo este mismo movimiento habilitaría a Cerati a incluir casi todo lo que había grabado en su nuevo estudio de Florida desde el inicio de las sesiones en 2001, consiguiendo atiborrar el CD con más de setenta minutos de canciones que a priori daban cuenta de un sonido más áspero y despojado y, en lo lírico, de los novelescos vaivenes amorosos del músico. El tironeo, que fuera bien retratado por la prensa del corazón, ahora parecía ser entre el extinto matrimonio con la madre de Benito y Lisa y la redentora presencia de la nueva musa inspiradora, la modelo y música Déborah Del Corral.

A modo de presentación de este nuevo romance, “Cosas imposibles”, primer tema, engancha con su rítmica cool, y su resolución parece sacada de un buen manual de hits. La extensa coda, inundada de pausas y ruiditos electrónicos, introduce la práctica del final abierto, demasiado frecuente en Siempre es Hoy, aunque con más aroma a falta de ideas que a laissez faire. En la misma senda, “No te creo” y su groove entrecortado alberga una pesada artillería de frases hirientes y de paso desnuda formalmente lo que tal vez constituya el gran error del disco: la elección de Sacha Triujeque (de Control Machete) para el rol de productor, quien tendría una injerencia fundamental en el marco musical global del disco. No obstante, y más allá de los innecesarios scratches del DJ Javier Zucker, la pista se rescata gracias a su corta duración y pegajoso estribillo. Acto seguido, el efectivo electro-pop de “Artefacto” da lugar al bonito aunque nada descollante acústico “Nací para esto”, y es ahí cuando empiezan los verdaderos problemas.

“Amo dejarte así” naufraga en su forzada sensualidad cargada de arreglos electrónicos poco interesantes. Lo mismo para su hermana gemela, “Tu cicatriz en mí”. El séptimo track, “Señales luminosas”, directamente rankea entre las peores composiciones del músico en virtud de su insulso desarrollo y opaca referencia a Sueño Stereo. En consonancia con esto, el tema jamás sería interpretado en presentaciones posteriores.

Cual oasis en el desierto, “Karaoke” retoma magistralmente el camino del buen gusto de la mano de su gran dinámica y lírica subida de tono, en tanto que “Sulky” recupera la veta folklórica de Gustavo y hace gala del aporte del bombista Domingo Cura, quien añade una particular belleza orgánica a las finas capas secuenciadas que lo sostienen. Ahora bien, lo que sigue a este eructo de creatividad es una verdadera procesión de atrocidades.

“Casa” y “Camuflaje”, no tienen nada que envidiarle al lounge más berreta, y su destino hubiese sido más justo para todos si tan solo hubieran quedado en el freezer hasta la aparición de alguna oportuna colección de out-takes. Por su parte “Altar”, directo al podio infernal junto con “Señales luminosas”, incita al salto de pista en su transcurso anodino, amén del imbécil rap de Tea Time (del grupo chileno Los Tetas), que redondea el enésimo fracaso por hermanar dos tradiciones difíciles de conciliar. (R.E.M. tendría la misma pésima idea un par de años después en su tedioso Around the Sun).

Luego, en “Torre de marfil” y “Fantasma” reaparece el Cerati crooner, pero pese a las buenas intenciones, como el aire bossa-nova del primero y la misteriosa atmósfera del segundo, el disco se halla a esta altura, aún restando tres temas, al borde del precipicio. El ya agotado y valiente oyente crítico debe enfrentar todavía la épica de “Vivo” (que cuenta con el piano de Charly García), acaso lo más inspirado de la interminable segunda mitad del trabajo, para encarar la recta final. “Sudestada”, donde también interviene García, quedará reservada para la sección del pronóstico meteorológico de los noticieros. Y, por fin, “Especie” y su extraña progresión de acordes cierra el tercer trabajo de Cerati con un signo de interrogación que lo único que no cuestiona es la devoción del artista por su nueva pareja.


III. Siempre es Hoy tuvo una acogida muy moderada, ambigua, lo que no impidió al ex Soda reventar cada locación donde se presentara. De hecho, en la gala del Luna Park de marzo de 2003 se pudo ver a un Cerati con banda renovada tratando de alejarse alegremente de la pachorra de la era Bocanada, gracias a la inyección de energía que le posibilitaron algunas de sus nuevas canciones.

Sin embargo esto no salva al disco de ser lo que es: regular, ni más ni menos. Podremos pensar en una suerte de mimetización entre la difícil coyuntura argentina y la falta de rumbo de un artista al que le llevaría unos años más (re)acomodarse en el panorama. Podremos postular un cómodo contagio del “vale todo” a lo Calamaro, aceptado y aclamado por miles de personas que aplauden hasta su paso por los mingitorios… pero es más fácil simplemente evitarlo, guardar tres o cuatro temas en un playlist, y a otra cosa.


Sello: BMG.

Track-list: Cosas imposibles. No Te Creo. Artefacto. Nací Para Esto. Amo Dejarte Así. Tu Cicatriz En Mí. Señales Luminosas. Karaoke. Sulky. Casa. Camuflaje. Altar. Torre De Marfil. Fantasma. Vivo. Sudestada. Especie.

Links:
Andrés Calamaro – El Salmón (2000)
Ocio – Medida Universal (1999)
Depeche Mode – Exciter (2001).


lunes, 21 de febrero de 2011

Cerati básico revisitado: Bocanada (1999)




Este disco es la respuesta al “¿y ahora qué?” que se debe haber preguntado Cerati al despertar con resaca el 21 de septiembre de 1997, unas cuantas horas después del original “gracias totales”. Considerando los lapsos, si algo le sobró a Bocanada es tiempo de gestación. En un año y medio Cerati revisó horas de material disponible, construyó su estudio bajo la pileta, convocó músicos de confianza, brindó unas pocas entrevistas… Y a la hora de la verdad recaló en zonas escasamente exploradas por el mainstream argentino y despachó en las bateas, a mediados de 1999, un extenso conjunto de viejas y nuevas inquietudes musicales facturado en su flamante y-muy-bien equipado búnker suburbano.

La criatura exhibía setenta minutos de una orfebrería pop muy distante de la locuacidad de Andrés Calamaro o Fito Páez, o de la autocelebración constante de Charly García. Coherente con ello, la reaparición pública de Gustavo eludiría gestos de sobreexposición y denotaría, en cambio, un tibio y hasta confundido esfuerzo por instalar su figura solitaria.

El elocuente arte de tapa (muy deudor del Greatest Hits de Dylan y del Low de Bowie), en el que se aprecia a Cerati a contraluz exhalando humo denso, recortado sobre un fondo azulado, daba pistas sobre su contenido: una música gélida y elegante, deliberadamente nocturna. Tal como declarara alguna vez el artista, Bocanada propone un trip casi fílmico, lo cual parece ser cierto, y en su desarrollo abundan las citas y préstamos, pero también ciertos giros reconocibles como marca de fábrica. Cerati aparece más concentrado en el trabajo de producción, vocalización y ambientación que en las guitarras, las cuales quedan en un segundo plano. El producto devela una catarsis personal, aunque también se vislumbra algún grado de trabajo grupal, lo que agrega valor a las aportaciones de Leo García (coros), Flavio Etcheto (samplers), Fernando Nalé (bajo) y Marín Carrizo (batería).

Los primeros tres tracks parecen presentar a los personajes: el hombre y sus máquinas. “Tabú” recupera al Spencer Davis Group, y su 6/8 hace buen juego con la lírica sensual. Por su parte, “Engaña” le hace honor a su título en su tensa calma violentada por un estribillo tétrico, en tanto que el tema que le da nombre al disco introduce al Cerati crooner, recostado en un cómodo acolchado de mellotron cortesía de Focus.

El bello hit “Puente” funciona bien como saludo a los fans, pero es en “Río Babel” donde la cosa empieza a tomar una forma real. Este verdadero plot point, cuya melodía central se basa en un fragmento de la Electric Light Orchestra (“Momma”, de ELO 2), conecta su metáfora fluvial con un lindo groove funky y su “fluir sin un fin” marca el resto del camino. En tal sentido, lo que sigue navega por planos diferentes pero complementarios entre sí. El pop cool de “Beautiful”, un descarte de Sueño Stereo, muestra a Gustavo jugando con el theremin y exhibiendo por enésima vez una cintura imbatible para el buen gusto. “Perdonar es divino”, que parece retratar una pequeña discusión conyugal, revive el mood de living de Amor Amarillo “Verbo carne” se anticipa a los 11 Episodios Sinfónicos y muestra al músico hablando de fe en medio de un mar de orquestaciones perpetradas en los mismísimos estudios Abbey Road.

Por su parte, “Raíz”, que en su estado de work-in-progress se llamaba “Temblor 2”, se remonta al altiplano vía Los Jaivas y recrea una experiencia mística derivada del uso de hierbas alucinógenas. El enjambre electrónico que clausura esta pieza desemboca en “Y si el humo está en foco”, primer pasaje instrumental del disco, posiblemente surgido durante la corta vida del combo Plan V. Tras ello, el apropiado “Rock and Roll pt. 2” de Gary Glitter sirve de base para “Paseo inmoral”, una pegadiza versión libre de la alocada nocturnidad de una estrella en gira, facilitada por Francisco Bochatón. En tanto que “Aquí y ahora” y su secuela instrumental comienzan a delinear un desenlace plagado de referencias literarias, guitarras acústicas y electrónica.

Lo más profundo de la noche se alcanza con “Alma”, una plácida canción de cuna basada en un incesante arpegio de sintetizador apenas acariciado por una guitarra tremolada y una voz que llega suave y distante. El final llegará con “Balsa”, tercer instrumental del disco, una zapada electrónica que sobre el final dispara un fraseo de Elvis proveniente del más allá.

Precisamente ese último track será el que suene al caer el telón del Gran Rex, unos meses después del lanzamiento. Si bien fríamente recibido por la crítica, Bocanada se convertirá rápidamente en un éxito de ventas, y un público fiel lo acompañará en las veladas porteñas de octubre de 1999, así como también en la gira nacional y latinoamericana posterior. Sin embargo, la salida a escena se constituiría en un verdadero desafío tanto para el artista como para el espectador. “El” momento post-Soda por fin había llegado. Cerati debía probar autosuficiencia; el fan debía disimular la incomodidad de ver a su ídolo allí paradito, con cara de póker, rodeado de –para la mayoría– perfectos desconocidos. Para colmo, el extenso setlist daría poco lugar a la condescendencia, y el escaso par de números sodinos desencadenaría una ola de reclamos que el cantante apagará con gruñidos y más canciones nuevas. Empero, con el correr de los meses, el progresivo acostumbramiento de ambas partes le daría vida propia a la idea de Bocanada como proyecto. Los músicos acompañantes, cuándo no, muy profesionales y precisos, lograrán acomodarse como equipo y el líder volvería poco a poco a sonreír.


Sello: BMG.
Track list: Tabú. Engaña. Bocanada. Puente. Río Babel. Beautiful. Perdonar es divino. Verbo carne. Raíz. Y si el humo está en foco.... Paseo inmoral. Aquí y ahora (los primeros tres minutos). Aquí y ahora (y después). Alma. Balsa.

Links:
Iggy Pop – The Idiot (1977)
Beck - Odelay (1996)
Plan V – Hábitat Individual (1998).


miércoles, 9 de febrero de 2011

Cerati básico revisitado: Amor Amarillo (1993)


El primer gesto solista de Gustavo Cerati estuvo rodeado por tres circunstancias pilares: a) el hiato de Soda Stereo tras una década de agotador camino al gigantismo; b) la necesidad de sacar provecho de la interesante cantidad de material acumulado del proceso de composición de Colores Santos y Dynamo (ambos de 1992); y c) la inminente paternidad y feroz enamoramiento del líder del trío, factores potenciadores de inspiración.


Así las cosas, un Cerati bastante harto de hacer todo a lo grande decide internarse en su living para delinear esta verdadera oda al calor de hogar, apenas auxiliado por unos pocos amigos como Tweety González y el mismo Zeta Bosio, además de su encinta (hoy ex) esposa, la modelo chilena Cecilia Amenábar.

Sin más acompañamiento que el de una groovebox, y haciéndose cargo de casi todos los bajos y teclados, Gustavo pone en primer plano el elemento electroacústico para exhibir al mundo su intensísima, cálida experiencia de fertilidad y amor ideal, concepto que atraviesa todo el disco pero que alcanza picos en, por ejemplo, “Amor amarillo”, “Lisa”, “Te llevo para que me lleves” y “A Merced”. Canciones que denotan una estructura simple y llevadera, con escasas sobregrabaciones y bonitas líricas embebidas de un bello erotismo cotidiano.

Pero también en Amor Amarillo hay lugar para otras facetas conocidas del artista. “Pulsar” reconecta con la electrónica, la cual desde hacía tiempo iba ganando espacio en el mundo ceratiano; la oscura “Av. Alcorta” suspira la concepción del hogar familiar como refugio seguro; en tanto que  “Bajan” cumple con el cometido de homenajear ya abiertamente a una gran influencia en la vida artística de Cerati como lo es Luis Alberto Spinetta.

Es útil subrayar que el particular contexto de gestación de Amor Amarillo resulta fundamental para entender el por qué de la decisión del autor de dejar su contenido prácticamente en formato demo: si de veras tenía ya grandes problemas con un grupo, difícilmente hubiera podido sostener dos. Cerati se había volcado por terminar en su departamento lo que allí mismo había comenzado, y el resultado daba fe de ello.

Asimismo, el agotamiento, la expansión de su familia y el clima intimista del disco no propiciarían más presentación que un par de mini shows para radio y televisión. Luego, la tragedia de Zeta y un restito creativo en la mente del líder de Soda darían pie para el último gran paso de la banda hasta la separación de 1997. Y Amor Amarillo, aunque a cuentagotas, sería merecidamente reivindicado en las subsiguientes giras como solista de este gran artista argentino.

Sello: BMG.
Track-list: Amor Amarillo. Lisa. Te llevo para que me lleves. Pulsar. Cabeza de Medusa. Av. Alcorta. Bajan. Rombos. Ahora es Nunca. A Merced.

Links: 

Fito Páez - El Amor después del Amor (1992)
Cerati/Melero - Colores Santos (1992)
Cocteau Twins - Heaven or Las Vegas (1990).



sábado, 29 de enero de 2011

Suárez - Excursiones (1999)




Suárez surge en los primeros años de la década de 1990; esa que vio acelerar vertiginosamente el proceso de globalización y que asistió a la profundización e instalación, en principio festejada –al igual que otras desgracias históricas acaecidas en este país–, de las “brillantes” ideas del Consenso de Washington, que giraban, muy resumidamente, en torno a la venta a precio vil del patrimonio del Estado y la apertura a los capitales financieros internacionales.

En consecuencia, el feroz y abaratado intercambio de bienes y servicios con los centros de poder permitió, por ejemplo, que por vez primera proliferara en tiempo real, buena cantidad de tribus ataviadas a la última moda. Ejemplo de ello fue la multiplicación de jóvenes atentos a los vaivenes del brit-pop luciendo ropas dignas de tiendas londinenses, pero paseadas en la lejana, caótica, triste y contradictoria Buenos Aires.

Pero más allá de las formas, lo cierto es que la onda “alternativa” pegó mucho aquí, y fuerte. A tal punto que en este momento varias bandas que vivieron su auge en aquel decenio están siendo reivindicadas como “de culto” y sus discos físicos, descatalogados, borrados del mapa, se hallan convertidos en disputados objetos de colección. Es el caso de grupos como Peligrosos Gorriones –que gozan de una exitosa reunión–, Avant Press –plataforma de Leo García–, Demonios de Tasmania y, por supuesto, del grupo que nos ocupa, entre otros exponentes del llamado “nuevo rock argentino”.

Excursiones (1999) cierra, discográficamente hablando, la carrera de esta banda encabezada por la cantante, actriz y poetisa Rosario Bléfari, pero lo haría de una forma como mínimo decorosa. Lo que se dice una muerte elegante.

Suárez, cuya formación se completaba con Gonzalo Córdoba en guitarras, Fabio Suárez en bajo y Diego Fosser en batería, se despoja en esta placa de casi toda la impronta low-fi que atravesara su sonido desde el principio, y aprovecha esta pulcritud para demostrar que se puede seguir haciendo buenas y extrañas canciones sin perder un ápice del espíritu aventurero con el que supo enamorar a la prensa y a los colegas más abiertos.

En Excursiones las canciones parecen ir en balsa y se dejan llevar por el misterio de lo sinuoso, mientras desfilan sin parar imágenes asociadas a recuerdos, simples sensaciones, tardes de siestas, senderos barrosos, encuentros fortuitos, pero siempre con la misma idea matriz: el camino, el viaje, la distancia.

Musicalmente abundan climas intimistas y misteriosos que no llegan a la balada (“El imán”, “El pozo”, “El camino”) y también hay momentos alegres y vivos (“Río Paraná”, “La copa”). La fina poesía de Bléfari cae de su boca como manantial, pero de aguas duras: su voz está lejos tanto del estereotipo de reality show como de la trillada languidez indie. Y Gonzalo Córdoba vuelve a dibujar sus líneas de guitarras mirando al pasado gracias a un tratamiento vintage que incluye un moderado uso de fuzz, phase y Rotovibe.

Los bocadillos de Daniel Melero le otorgan a Excursiones, y a Suárez, un plus de legitimidad, algo que en realidad ya sobraba. Empero, y de manera inesperada, en las puertas del nuevo milenio, esta banda que hizo soñar al under con un panorama un poco más benévolo decide dar el adiós para alegría de los exponentes del tenaz conservadurismo dominante. A casi década y media de la separación, se los sigue extrañando.

Sello: Ultrapop.

Track-list: Río Paraná. Excursiones. El camino. Mil especies. Tarde de cansancio. Anguila. El primitivo. La distancia. La copa. El pozo. La niebla. El imán. Alguna vez viste.

Links: 
Suárez - Horrible (1995).
Yo La Tengo - I Can Hear The Heart Beating As One (1997).
Victoria Mil - Armas (2000).