lunes, 21 de febrero de 2011

Cerati básico revisitado: Bocanada (1999)




Este disco es la respuesta al “¿y ahora qué?” que se debe haber preguntado Cerati al despertar con resaca el 21 de septiembre de 1997, unas cuantas horas después del original “gracias totales”. Considerando los lapsos, si algo le sobró a Bocanada es tiempo de gestación. En un año y medio Cerati revisó horas de material disponible, construyó su estudio bajo la pileta, convocó músicos de confianza, brindó unas pocas entrevistas… Y a la hora de la verdad recaló en zonas escasamente exploradas por el mainstream argentino y despachó en las bateas, a mediados de 1999, un extenso conjunto de viejas y nuevas inquietudes musicales facturado en su flamante y-muy-bien equipado búnker suburbano.

La criatura exhibía setenta minutos de una orfebrería pop muy distante de la locuacidad de Andrés Calamaro o Fito Páez, o de la autocelebración constante de Charly García. Coherente con ello, la reaparición pública de Gustavo eludiría gestos de sobreexposición y denotaría, en cambio, un tibio y hasta confundido esfuerzo por instalar su figura solitaria.

El elocuente arte de tapa (muy deudor del Greatest Hits de Dylan y del Low de Bowie), en el que se aprecia a Cerati a contraluz exhalando humo denso, recortado sobre un fondo azulado, daba pistas sobre su contenido: una música gélida y elegante, deliberadamente nocturna. Tal como declarara alguna vez el artista, Bocanada propone un trip casi fílmico, lo cual parece ser cierto, y en su desarrollo abundan las citas y préstamos, pero también ciertos giros reconocibles como marca de fábrica. Cerati aparece más concentrado en el trabajo de producción, vocalización y ambientación que en las guitarras, las cuales quedan en un segundo plano. El producto devela una catarsis personal, aunque también se vislumbra algún grado de trabajo grupal, lo que agrega valor a las aportaciones de Leo García (coros), Flavio Etcheto (samplers), Fernando Nalé (bajo) y Marín Carrizo (batería).

Los primeros tres tracks parecen presentar a los personajes: el hombre y sus máquinas. “Tabú” recupera al Spencer Davis Group, y su 6/8 hace buen juego con la lírica sensual. Por su parte, “Engaña” le hace honor a su título en su tensa calma violentada por un estribillo tétrico, en tanto que el tema que le da nombre al disco introduce al Cerati crooner, recostado en un cómodo acolchado de mellotron cortesía de Focus.

El bello hit “Puente” funciona bien como saludo a los fans, pero es en “Río Babel” donde la cosa empieza a tomar una forma real. Este verdadero plot point, cuya melodía central se basa en un fragmento de la Electric Light Orchestra (“Momma”, de ELO 2), conecta su metáfora fluvial con un lindo groove funky y su “fluir sin un fin” marca el resto del camino. En tal sentido, lo que sigue navega por planos diferentes pero complementarios entre sí. El pop cool de “Beautiful”, un descarte de Sueño Stereo, muestra a Gustavo jugando con el theremin y exhibiendo por enésima vez una cintura imbatible para el buen gusto. “Perdonar es divino”, que parece retratar una pequeña discusión conyugal, revive el mood de living de Amor Amarillo “Verbo carne” se anticipa a los 11 Episodios Sinfónicos y muestra al músico hablando de fe en medio de un mar de orquestaciones perpetradas en los mismísimos estudios Abbey Road.

Por su parte, “Raíz”, que en su estado de work-in-progress se llamaba “Temblor 2”, se remonta al altiplano vía Los Jaivas y recrea una experiencia mística derivada del uso de hierbas alucinógenas. El enjambre electrónico que clausura esta pieza desemboca en “Y si el humo está en foco”, primer pasaje instrumental del disco, posiblemente surgido durante la corta vida del combo Plan V. Tras ello, el apropiado “Rock and Roll pt. 2” de Gary Glitter sirve de base para “Paseo inmoral”, una pegadiza versión libre de la alocada nocturnidad de una estrella en gira, facilitada por Francisco Bochatón. En tanto que “Aquí y ahora” y su secuela instrumental comienzan a delinear un desenlace plagado de referencias literarias, guitarras acústicas y electrónica.

Lo más profundo de la noche se alcanza con “Alma”, una plácida canción de cuna basada en un incesante arpegio de sintetizador apenas acariciado por una guitarra tremolada y una voz que llega suave y distante. El final llegará con “Balsa”, tercer instrumental del disco, una zapada electrónica que sobre el final dispara un fraseo de Elvis proveniente del más allá.

Precisamente ese último track será el que suene al caer el telón del Gran Rex, unos meses después del lanzamiento. Si bien fríamente recibido por la crítica, Bocanada se convertirá rápidamente en un éxito de ventas, y un público fiel lo acompañará en las veladas porteñas de octubre de 1999, así como también en la gira nacional y latinoamericana posterior. Sin embargo, la salida a escena se constituiría en un verdadero desafío tanto para el artista como para el espectador. “El” momento post-Soda por fin había llegado. Cerati debía probar autosuficiencia; el fan debía disimular la incomodidad de ver a su ídolo allí paradito, con cara de póker, rodeado de –para la mayoría– perfectos desconocidos. Para colmo, el extenso setlist daría poco lugar a la condescendencia, y el escaso par de números sodinos desencadenaría una ola de reclamos que el cantante apagará con gruñidos y más canciones nuevas. Empero, con el correr de los meses, el progresivo acostumbramiento de ambas partes le daría vida propia a la idea de Bocanada como proyecto. Los músicos acompañantes, cuándo no, muy profesionales y precisos, lograrán acomodarse como equipo y el líder volvería poco a poco a sonreír.


Sello: BMG.
Track list: Tabú. Engaña. Bocanada. Puente. Río Babel. Beautiful. Perdonar es divino. Verbo carne. Raíz. Y si el humo está en foco.... Paseo inmoral. Aquí y ahora (los primeros tres minutos). Aquí y ahora (y después). Alma. Balsa.

Links:
Iggy Pop – The Idiot (1977)
Beck - Odelay (1996)
Plan V – Hábitat Individual (1998).


1 comentario:

Anónimo dijo...

Buen disco de Cerati!
Muy buena la reseña!