
Empiezo con un párrafo hecho: este disco es la respuesta al “¿y ahora qué?” que se debe haber preguntado Cerati al despertar resacoso el 21 de septiembre de 1997, unas cuantas horas después del original “gracias totales”.
Considerando los lapsos, si algo le sobró a Bocanada es tiempo de gestación. En un año y medio Cerati revisó horas de material disponible, construyó su estudio bajo la cancha de paddle, convocó músicos de confianza, brindó unas pocas entrevistas… Y a la hora de la verdad recaló en zonas escasamente exploradas por el mainstream argentino y despachó en las bateas, a mediados de 1999, un extenso compendio de viejas y nuevas inquietudes musicales facturado en su flamante y muy bien equipado búnker suburbano.
La criatura exhibía setenta minutos de una orfebrería pop muy distante de la locuacidad de un Calamaro o un Páez, o de la auto-celebración constante de un García; coherente con ello, la reaparición pública de Gustavo eludiría gestos de sobreexposición –en la que solía incurrir el bigote bicolor– y denotaría, en cambio, un tibio y hasta confundido esfuerzo por instalar su figura solitaria.
El elocuente arte de tapa, muy deudor del Greatest Hits de Dylan y del Low de David Bowie (influencia fundamental de este álbum), en el que se aprecia a Cerati con un tapado de piel, a contraluz, exhalando humo denso, recortado sobre un fondo azulado en el que cae una nevada rubí, develará en parte su contenido: una música gélida y elegante, deliberadamente nocturna.
Tal como declarara alguna vez el artista, Bocanada propone un trip casi fílmico, lo cual parece ser cierto. En su desarrollo abundan las citas y préstamos, pero también ciertos giros reconocibles como marca de fábrica. Cerati aparece más concentrado en su trabajo de producción, vocalización y ambientación que en las guitarras, las cuales quedan en un segundo plano. El contenido devela una catarsis personal, aunque también se vislumbra algún grado de trabajo grupal, lo que agrega valor a las aportaciones de Leo García (coros), Flavio Etcheto (samplers), Fernando Nalé (bajo) y Marín Carrizo (batería).
Los primeros tres tracks parecen presentar a los personajes: el hombre y sus máquinas. “Tabú” recupera al Spencer Davis Group, y su 6/8 hace buen juego con la lírica sensual. Por su parte, “Engaña” le hace honor a su título en su tensa calma sampleada, en parte, de la Steve Miller Band. Y el tema que le da nombre al disco introduce al Cerati crooner, cantando recostado en un cómodo acolchado de mellotron cortesía de Focus (“Eruption”, del genial Moving Waves, 1972).
El hit “Puente” funciona bien como saludo a los fans, reforzado por el estribillo power, pero será en “Río Babel” donde la cosa tomará forma. Este verdadero plot point, cuya melodía central se basa en un fragmento de la Electric Light Orchestra (“Momma”, de ELO 2), conecta su metáfora fluvial con un lindo groove funky y su “fluir sin un fin” marcará el resto del camino.
Lo que sigue navegará por planos diferentes pero complementarios entre sí. El out-take de Sueño Stereo “Beautiful” muestra a Gustavo jugando con el theremin en la apertura y en el cierre de este bello tema pop. “Perdonar es divino”, que parece retratar una pequeña discusión conyugal, retrocede en todo sentido al living de Amor Amarillo. “Verbo carne” se anticipa a los 11 Episodios Sinfónicos y muestra al músico hablando de fe en medio de un mar de sublimes orquestaciones perpetradas en los mismísimos estudios Abbey Road.
Por su parte, “Raíz”, que en su estado de work-in-progress se llamaba “Temblor 2”, se remonta al altiplano vía Los Jaivas y recrea una experiencia mística derivada del uso de hierbas alucinógenas. El enjambre electrónico que clausura esta pieza desemboca en “Y si el humo está en foco”, primer pasaje instrumental del disco, posiblemente surgido durante la corta vida del combo electrónico Plan V.
El apropiado “Rock and Roll pt. 2” de Gary Glitter sirve de base para "Paseo inmoral", una pegadiza versión libre de la alocada nocturnidad de una estrella en gira, facilitada por Francisco Bochatón. En tanto que “Aquí y ahora” y su secuela instrumental comienzan a delinear un desenlace plagado de referencias literarias, guitarras acústicas y electrónica.
Lo más profundo de la noche se alcanza con “Alma”, una plácida canción de cuna basada en un incesante arpegio de sintetizador apenas acariciado por una guitarra tremolada y una voz que llega suave y distante. El final llegará con “Balsa”, tercer pieza instrumental del disco, una zapadita electrónica que sobre el final dispara un fraseo de Elvis proveniente del más allá.
Precisamente ese último track será el que suene al caer el telón del Gran Rex, unos meses después del lanzamiento. Si bien fríamente recibido por la crítica, Bocanada se convertirá rápidamente en un éxito de ventas, y un público fiel lo acompañará en las veladas porteñas de octubre de 1999, así como también en la gira nacional y latinoamericana posterior.
Sin embargo, la salida a escena se constituiría en un verdadero desafío tanto para el artista como para el espectador. “El” momento post Soda por fin había llegado. Cerati debía probar autosuficiencia; el fan debía disimular la incomodidad de ver a su ídolo allí paradito, con cara de póker, rodeado de, para la mayoría, perfectos desconocidos. Para colmo, el extenso set-list daría poco lugar a la condescendencia, y el escaso par de números sodinos desencadenaría una ola de reclamos que el cantante apagará con gruñidos y más canciones nuevas.
Empero, con el correr de los meses, el progresivo acostumbramiento de ambas partes le daría vida propia a la idea de Bocanada como proyecto. Los músicos acompañantes, cuándo no, muy profesionales y precisos, lograrán acomodarse como equipo, y el líder volvería poco a poco a sonreír. Pero el fantasma Stereo rondaría por ahí un tiempo más.
Sello: BMG.
Track-list: Tabú. Engaña. Bocanada. Puente. Río Babel. Beautiful. Perdonar es divino. Verbo carne. Raíz. Y si el humo está en foco.... Paseo inmoral. Aquí y ahora (los primeros tres minutos). Aquí y ahora (y después). Alma. Balsa.
Links artísticos: David Bowie – Low (1977); Iggy Pop – The Idiot (1977); Kraftwerk – Die Mensch Maschine (1978); Beck - Odelay (1996); Plan V – Hábitat Individual (1998).
1 comentarios:
Buen disco de Cerati!
Muy buena la reseña!
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