viernes, 16 de diciembre de 2011

Mini reviews 5


DEPECHE MODE – Some Great Reward (1984)



Cuarto álbum de Depeche Mode, pero acaso su primer gran disco, coherente, sin fisuras, donde se perfecciona lo iniciado en Construction Time Again (1983), esto es, la instalación definitiva del sampler en la vida musical del cuarteto de Basildon. Some Great Reward, pues, brilla justo donde fallaba su antecesor: en la combinación de tecnología de punta con buenas canciones. El grave registro de Gahan por fin adquiere la seguridad que reclama el endurecimiento musical; la pluma de Gore gana lucidez para retratar la vida gris de la gente común y sus vías de escape poco ortodoxas (cuero negro, sadomasoquismo, ambigüedad sexual) y los sintes desparraman calculadas pinceladas por doquier. Indudablemente influenciados por una oscura Berlin y sus célebres estudios Hansa, más el orden impuesto por Gareth Jones, los Depeche inician su ascenso artístico anticipando algo… una celebración bastante negra.

Claves: “Somebody”, “Master and Servant”, “Blasphemous Rumours”.

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MIKE OLDFIELD – Tubular Bells 2003 (2003)



Imaginen qué ocurriría si Jimmy Page se encerrase en el estudio a rehacer Led Zeppelin IV (1971) nota por nota, pero con las posibilidades técnicas actuales, o si Robert Fripp reuniera al mejor Crimson para regrabar Red (1974). Sería un despropósito, ¿no? Como mínimo. 

Pues bien, Mike Oldfield tuvo esa misma idea en el aniversario 30º de su Tubular Bells (1973), y lo que podría, o mejor dicho, tendría que haber sido destinado a algún box set solo para fanáticos, terminó impunemente en las bateas de todo el globo, perpetrando otro descarado acto de caradurismo musical. 

La famosa obra del compositor inglés, tal vez pionero del new age, aparece aquí calcada aunque librada de ligeras desafinaciones e incorrecciones de la interpretación humana que los remasters no pudieron solucionar, pero que el músico se encarga de subsanar mediante la recreación total con una ayudita de la empresa Roland Inc., algo así como pasarle lavandina a un lindo piso de parquet. 

Lo que seguramente no imaginó Mike es que Tubular Bells 2003 sería en poco tiempo fácilmente hallable en polvorientas bateas de feria, allí donde se pueden encontrar verdaderos tesoros, pero donde también se apila un enorme, creciente caudal de discos que nadie, pero nadie quiere.

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BRIAN MAY – Back to the Light (1992)



Rodeado de músicos de sesión, Brian May despliega el particular sonido de su Red Special y sus inquietudes –ya sobradamente tratadas en Queen– en un álbum poco imaginativo, dotado de no pocas obviedades melódicas, un dudoso sentimentalismo y una duración insalubre. 

Pese a ser un proyecto de larga data, las kilométricas líneas de agradecimientos denotan el jugo extraído a las circunstancias recientes (el fallecimiento de Freddie Mercury y el concierto tributo), lo que podría leerse como liso y llano oportunismo. Forzados hard-rocks (“Love Token”) y vanos intentos de emular la efectividad de viejas fórmulas (“Let Your Heart Rule Your Head” se parece a “39”) se encargan de relativizar las buenas intenciones, y Back To The Light queda reducido en el acto a un disputado objeto de colección destinado a enaltecer aún más la obra de Queen y la química de este gran guitarrista y compositor con sus viejos compañeros. Luego de esto, May no se mostrará muy perseverante en cuanto a su carrera solista.