viernes, 20 de julio de 2012

Gemas de los '80 (cap. IX)


Para los que recién se suman este canal de mierda, recordamos que la idea rectora de esta serie de Gemas de los '80 es ofrecer, desde nuestro limitado conocimiento, una selección de discos alumbrados en ese decenio bajo la premisa de eludir y desmitificar la ola de nostalgia que recubre al período bajo el adjetivo aglutinador "ochentoso". Reduccionismo que flaco favor le hace al análisis de maravillosos, ricos e interesantes procesos y tendencias trascienden el consumo basado en el recuerdo. 


Pues bien, a mediados de la década, al tiempo que Madonna, Michael, Sting y A-ha acaparaban los primeros puestos y sonaban hasta en la radio de la abuela, había gente encarando desde hacía rato tareas más interesantes, como la de desarrollar el ruido, la experimentación y la suciedad, prácticas bastante alejadas del chato convencionalismo dominante.   

No vamos a ahondar en la Norteamérica alternativa, que era un hervidero, al igual que el Reino Unido, donde, por ejemplo, ya estaba en bateas el Psychocandy de The Jesus and Mary Chain, se consolidaban los etéreos Cocteau Twins y se encaminaban My Bloody Valentine, The Telescopes y Loop, bandas que en virtud de su indiferente y estática postura escénica, serían definidos bajo el rótulo de shoegazers ("los que se miran los zapatos").

En general estas agrupaciones tenían en común, además de una afición por las vanguardias  de todas las épocas, el buen pop y el garage rock, un coleccionismo que los conducía a verdaderas excursiones vinilo-arqueológicas (le debo este concepto a Marcelo Montolivo) con el fin de develar los secretos de oscuras bandas de los '60 especialmente. 

En la ciudad inglesa de Rugby, los Spacemen 3 también sintonizaban esa frecuencia. Lo suyo no era una mera recreación de un sonido, sino más bien una especie de declaración de principios: si la década en curso exaltaba exaltaba el yo-consumidor-hedonista-exhibicionista, las capas de ruido, los acoples, las estructuras reiterativas y monocordes eran practicadas en función de una anulación del ego, efecto similar al de ciertas drogas o estados místicos. Una (micro)política que discutía con un orden de cosas que, bajo otros disfraces o estrategias, sigue aún vigente.

En 1986 la formación estaba integrada por J. Spaceman (Jason Pierce), en guitarra y voz, Peter Kember en guitarra, Pete Bain en bajo y Natty Brooker en batería, jóvenes melómanos bien provistos de equipamiento vintage y ganas de apabullar al receptor. Los astros estaban lo suficientemente bien alineados como para que el producto de esas mentes se convirtiera años después en objetos de reverencia. El álbum debut no fue la excepción.

En lo estrictamente musical y visto en perspectiva, Sound of Confusion ofrece lo que todo buen amante de la psicodelia espera oír: canciones hipnóticas, de no más de dos o tres acordes, llenas de fuzz y feedback, que cabalgan sobre una sección rítmica minimalista y repetitiva creando, por decirlo de algún modo, una verdadera experiencia en la cabeza del oyente. 

El disco, relativamente corto, conciso, transcurre como un centrifugado. Canciones propias como "Losing Touch With My Mind", "Hey Man" y "2.35" se mezclan con covers de sus venerados 13th Floor Elevators ("Rollercoaster"), Juicy Lucy ("Mary Anne") y The Stooges ("Little Doll") sin perder homogeneidad. Las voces llenas de cámara reverberan entre toneladas de distorsión, y la coda de "O.D. Catastrophe" parece no tener fin. Cualquier intento de descripción o racionalización, a esta altura, se vuelve inútil, pues la idea de Spacemen 3 parece ser la pura vivencia.

Sound Of Confusion es un debut más que promisorio para esta agrupación de trayectoria breve pero sin puntos bajos y muy prolífica. Las tensiones entre los líderes J. Spaceman y Kember desarmarán la banda en 1991, mas dejarán al cantante listo para su próxima aventura sideral: Spiritualized.


Sello: Glass. Reed.: Taang! y Fire. 


3 comentarios:

Marte dijo...

Gracias por pasarte. Yo agregué un blogroll a mi blog... y ahí te ves!

Mariano dijo...

Muy bueno! Los dos primeros párrafos no podrían ser más acertados. A este no lo escuché nunca (tengo uno y me aburre un poco) pero prometo hacerlo.

Perry Mastrángelo dijo...

Gracias Mariano, este disco tal vez te parezca interesante, yo en particular tengo una fijación casi completista con Pierce, así que no me podía expresar de otro modo.

Un abrazo!