viernes, 8 de junio de 2012

Gemas de los ’80 (cap. VIII)



Si The Police alguna vez se vinculó de algún modo con el punk rock tal vez sea por obra y gracia del contexto. Este trío de instrumentistas de amplio background en otros terrenos, como el jazz o el avant garde, se reúne en Inglaterra en plena explosión peliaguda y acusando un repertorio de canciones ágiles en las que se colaban aires jamaiquinos, lo que los emparentaba musicalmente con gente como The Clash. Pero pronto el disfraz dejó de ser plausible, y tras cuatro discos, éxito comercial mundial, interminables giras y egos inflados hasta el límite de lo soportable, Sting, Andy Summers y Stewart Copeland terminarán, para 1983, más cerca de la new wave complaciente que del post punk más inspirado. 

Lo curioso es que una vez que las relaciones se tornaron definitivamente insostenibles, el trío nunca levantó un certificado de defunción. Sin comunicado de prensa ni declaración alguna, el álbum Synchronicity y su gira correspondiente dejan a las masas huérfanas de un fenómeno que combine rock/pop comercial con calidad, lugar que luego acabará por ocupar U2 o, de manera más modesta, Simple Minds

The Police se despide de las bateas con un disco que consta de varios arrasadores hits radiales, espacios para la exploración personal y una estilización que anticipa el rumbo elegido por Sting para su carrera en solitario. Las líricas siguen girando en torno a la soledad y la desesperanza, temas constantes en la carrera del grupo, aunque enmarcados aquí en la obsesión del cantante y bajista por las teorías de Carl Jung

Éstas son las que inspiran a la dinámica apertura «Synchronicity I», basada en un nervioso arpegio de sintetizador y enjambres de coros que desdoblan las estrofas. También el atmosférico «Walking In Your Footsteps» se vale de la tecnología, en tanto que «O my God» deja entrever una veta jazzística enrarecida por los prodigiosos climas que ofrece Summers. Justamente es el guitarrista el que le pone firma y voz a «Mother», un capítulo esquizofrénico que relata entre alaridos las desventuras de una víctima del trastorno posesivo. Luego, la más sencilla «Miss Gradenko», escrita por Copeland, cierra el lado A anticipando un reverso a puro hit. 

«Synchronicity II» y la archidifundida «Every Breath You Take» –una precisa descripción de la paranoia extrema, leída erróneamente por la mayor parte del público como canción de amor– abren la cara B demostrando un costado más pop que contrasta con la fría aspereza del primer lado. Los singles «King of Pain» y «Wrapped Around Your Finger» continúan destilando buen gusto en cuanto a arreglos y estructura, para cerrar bajando otro cambio con «Tea in the Sahara» y el bonus track «Murder By Numbers» –que solo aparece en la edición en CD–, en el que se insiste con el jazz. 

Naturalmente el disco se vendió como pan caliente, y la Argentina no fue ajena al arrollador suceso del trío, aunque puede arriesgarse que, por diversas razones, entre ellas, las limitaciones del mercado y del público, el grupo gozó de una rotación exagerada, amén de la temprana visita (1980) que acrecentara el mito. El status y el arraigo en el público local que cosechará The Police lo convertirá en una de las mayores influencias para prácticamente toda una generación de artistas argentinos, cosa que no ocurrirá de la misma manera en los centros de producción rockera, donde es más complicado rastrear reivindicaciones entusiastas. 

Como si hubiese sido calculado, la separación le allana definitivamente el camino al líder para su aventura solista, en tanto que la anodina versión de «Don't Stand So Close to Me» incluida en el recopilatorio Every Breath You Take - The Singles (1986) se convertirá en el último gesto de trabajo grupal hasta la gira reunión de 2007, perpetrada en pleno auge de la nostalgia, el regreso y el (auto)tributo.


Sello: A&M.

Links:
Men At Work - Cargo (1983)
Sting - The Dream of the Blue Turtles (1985)
Peter Gabriel - So (1986)