martes, 16 de abril de 2013

The Cure - Estadio River Plate, 12/04/2013



Veintiséis años no es nada, podría decir un optimista, pero para los fans que no pudieron en todo este tiempo trasladarse a otras latitudes para ver a The Cure, la espera debe haber sido una eternidad, un castigo, un oprobio.

Hasta que un buen día, tras añares de rumores, desmentidas, presuntas negaciones, que sirvieron para mitificar aún más las tristemente célebres jornadas de marzo de 1987, el anuncio llegó como agua bendita caída del cielo. La cosa ahora iba en serio: los afiches en la calle así lo decían y aún así todo parecía irreal. Desde la organización se prometía un show de más de tres horas con un recorrido por todas las facetas de la rica discografía de la banda, y la prensa no tardaría en sacar a relucir todos los lugares comunes posibles por anticipado.

Hoy, a cuatro días del show, abundan las reseñas donde se habla, indefectiblemente, de revancha, de reivindicación, de cuenta saldada. Discutiríamos este cliché si no fuera por que de veras se vivió como tal. El momento había llegado, y el ligero retraso debido al tardío ingreso de buena parte de los asistentes convirtió la espera en una guerra de nervios que transcurrió en medio de un tenso silencio y reprobaciones ante cada track de la banda sonora encargada de amenizar.

Finalmente el fondo de estrellas y las primeras notas de «Plainsong» avisaron que el sueño había comenzado y la letal seguidilla de «Pictures of You», «Lullaby», «High», «The End of the World», «Lovesong» y «Push», flaco favor le hizo al normal estado de vigilia. Amparados por un sonido que muy de a poco fue virando de menor a mayor (aunque siempre nítido en el sector campo), las expresiones de los Cure parecían propias de alguien midiendo las reacciones.

Tardó varios temas un Robert Smith barrigón, pero con la pelambre y voz intacta, en entrar en confianza suficiente para dar rienda suelta a su cuidado histrionismo, que elude gestos de exageración y sobreactuación amén de la ausencia, enhorabuena, de innecesarios discursitos o frases demagógicas.

Sus muchachos secundaron al líder con una precisión de relojería, y cada componente pudo lucirse a su modo: el siempre fiel Simon Gallup con el bajo por las rodillas dibujando esas grandes líneas cargadas de modulaciones; el prestidigitador Reeves Gabrels en un llamativo segundo plano; un solidísimo Jason Cooper tras los parches y el teclista Roger O’Donnell aportando capas y florituras por doquier, demostraron que esta formación, al menos en directo, no tiene nada que envidiarle a las de las mejores épocas.

En el set-list hubo numerosas concesiones, es cierto, pero los británicos optaron por poner a prueba al público reflotando joyas menos difundidas de su repertorio («From the Edge of the Deep Green Sea», «The Kiss», «Fight») y asimismo de sus obras menos inspiradas («Sleep When I’m Dead», «The Hungry Ghost», de 4:13 Dream). Como contraparte, atacaron sin piedad con poderosas versiones de «A Forest» o de la maquinal «One hundred Years», por mencionar solo un par.

El relax y el baile quedaron reservados para el último segmento. «The Lovecats», «Close To Me», «Why Can’t I Be You» y «Boys Don’t Cry» permitieron que los cuerpos hipnotizados –y helados– movieran algunos huesos, y «Killing an Arab» hasta indujo a un mesurado pogo.

Ya consumada la interminable lista, tras una tímida despedida, la fría noche de abril, como era de esperarse, terminó sin tiros, líos ni cosha golda, y cayó con todo sobre las cabezas no solo de esos estoicos fans que peinan canas, sino también de nuevas generaciones que lograron finalmente presenciar lo que supuestamente nunca iba a ocurrir. Objetivo cumplido, entonces, y hasta la próxima. ¡Aguante el Gordo!


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Setlist: Plainsong. Pictures of You. Lullaby. High. The End of the World. Lovesong. Push. In Between Days. Just Like Heaven. From the Edge of the Deep Green Sea. Sleep When I'm Dead. Play for Today. A Forest. Primary. Bananafishbones. Charlotte Sometimes. The Walk. Mint Car. Friday I'm in Love. Doing the Unstuck. Trust. Want. Fascination Street. The Hungry Ghost. Wrong Number. One Hundred Years. Disintegration.



Encore 1: The Kiss. If Only Tonight We Could Sleep. Fight. 

Encore 2: Dressing Up. The Lovecats. The Caterpillar. Close to Me. Hot Hot Hot!!!. Let's Go to Bed. Why Can't I Be You?. Boys Don't Cry. 10:15 Saturday Night. Killing an Arab.


4 comentarios:

ultravivido dijo...

Dieron cátedra, aunque me hubiera gustado un poquito más del "dark side". Gran show

Mastrángelo dijo...

Gracias por pasar, Ultra.
Puede ser, igual la salida fue como cuando uno se retira de una panzada. La floja reseña me salió a los ponchazos, porque no tenía mucho para decir. Es uno de esos shows que crecerá con el tiempo, al revés del de Waters del año pasado, que cada vez que lo pienso me gusta menos.

Sr. Alga dijo...

Aca en Chile se mandaron muchos temas del Pornography, ademas de agregar "Primary" al setlist... Una deuda saldada ante un publico apagado que nada entendía lo que pasaba...
Un saludo colega!

Mastrángelo dijo...

jaja, apagado es una buena manera de definir al público... que según pude ver, reaccionó de dos notables maneras:

1- total hipnosis en pos de no perderse detalle.
2- Dispersión y/o aburrimiento en la espera -eterna- de hits radiales. A lo que se añade toneladas de mensajes de texto y charlas de la oficina.

Es tentador decir que el público es tarado, y probablemente sea así, pero ¡realmente compadezco al improvisado greatest-hitero!

Tres horas veinte con un frío invernal presenciando un show de una banda poco ideal para estos tiempos de inmediatez, donde todo tiene que durar un ratito y a otra cosa. Es una patología colectiva de los tiempos que corren, que, la verdad, en última instancia, me importa un reverendo pito.

Un abrazo, y si te fijás más abajo, te plagié una reseña, ¡JA!