miércoles, 15 de octubre de 2014

Santos Inocentes - Emporio Bizarro (1998)




Descontando la indiferencia o el franco rechazo que recibieron por parte de miles de personas que esperaban el grito final de Soda Stereo en 1997, al menos dos de los teloneros elegidos por el trío para su primera despedida en River cosecharon su modesto caudal de éxito: Avant Press y Santos Inocentes.

Seguramente haya ayudado, en el caso de estos últimos, el hecho de contar entre sus filas con Andrés Alberti (guitarra, teclados, programaciones), hermano menor de Charly y a la sazón asistente del grupo más celebrado de Latinoamérica. Pero ni valdría la pena evocarlos si no fuera porque los chicos exhibían un potencial bastante interesante que los posicionaba bien en el circuito alternativo, que resistía estoicamente la hegemonía del rockerismo más conservador.

Santos Inocentes se forma a principios de los 90, pero recién en 1998 verá la luz su disco debut, Emporio Bizarro (hoy prácticamente inhallable), álbum que reflejara cierta mutación de una generación “alterna” amenazada por disoluciones, desdoblamientos o coqueteos con lo masivo; en tal sentido, tanto el aval de Warner Music como la alta fidelidad proporcionada por los estudios Circo Beat no son datos menores. Pero sea como fuere, ahí había material interesante y los Santos parecían querer llevarse todo por delante.

“Microman”, “Acople” y el hit “Desaparecedor” (guiño a Sonic Youth) abren el trabajo con apabullantes dosis de un techno-rock cimentado en paredes de guitarras, samplers, estribillos gancheros y la furia controlada del vocalista Mr. Pop (Raúl Cariola), bien administrada a la hora de bajar unos cambios (“Ella no tiene magia”, “Anticuerpos”).

Cierta cosa apocalíptica de fin del milenio, drogas químicas y tecnologías de fines oscuros (“Microfilmo tu espesor”; “Mi visión: mujeres robot”), se apodera de unas letras directas que ponen en escena situaciones confusas e incómodas, cuyo marco musical puede acercarse tanto a Nine Inch Nails (“Paranoia Kamikaze”, “Medicamentos”) como al más liso y llano punk rock (“Mal día”). Para agregar color, también aparece diseminada por ahí alguna que otra pista oculta a modo de enlace o introducción.

Pero a grandes rasgos lo importante es que Emporio Bizarro está dotado de una coherencia y una solidez digna de mencionarse, lo que no impide señalar, sin embargo, algunas inteferencias. En primer lugar, la revisión de “Eight Days a Week” de los Beatles, que clausura el álbum y, aunque simpática y potente, bien podría haber sido posicionada como bonus track, o de alguna manera que la separe aún más del resto del disco. También aparece la tendencia, frecuente en bandas jóvenes argentinas, a “poner toda la carne al asador”, que los lleva a desnudar todos sus recursos en el mismo tiempo y lugar, y pone límites al factor sorpresa –sobre todo de cara al futuro–, amén de generar un agotamiento en la escucha.

De cualquier modo, Santos Inocentes disfrutará de un buen margen de difusión, sobre todo de la mano de una MTV ya apenas soportable. Todavía faltaba el sucesor Megatón (2000), más duro y orientado a la electrónica, que tendrá un buen recibimiento, y el fichaje del sello Maverick, propiedad de Madonna. Empero, algo debe haber salido mal en el camino, ya que poco se supo del quinteto hasta la irrupción de las divisiones Bonsur, Mole y 202, que no lograron acariciar la gloria como pareció hacerlo este prometedor conjunto porteño.

Links: 
New Order – Technique (1989) 
El Otro Yo – Los Hijos de Alien (1996) 
Spleen – Travesía ideal (1998)