lunes, 3 de agosto de 2015

Café Tacuba - Revés/Yo Soy (1999)



No es ningún secreto que de grandes tormentas han surgido grandes obras. Ejemplos sobran, de modo que por ahora nos contentaremos con afirmar que ese fue el caso del cuarto disco de los mexicanos Café Tacuba, quienes para 1998 padecían la asfixia de una compañía que como requisito de renovación contractual exigía un desempeño similar al de Avalancha de Éxitos (1996), resonante disco de covers que le había dado al cuarteto “alterlatino” un alcance continental, MTV mediante.

Era una época efervescente para el rock en español. Decenas de grupos con una fuerte vocación por la fusión entre sonido local y global competían por una mejor rotación o ubicación en festivales cada vez más multitudinarios. Al igual que tantos otros, los Cafeta habían irrumpido con mucho entusiasmo a comienzos de la década, solo que acusando una excentricidad que irían explotando sabiamente con el paso de los años y que los destacaría de los demás. A todo esto, la curiosa formación también cumplía su parte: un cantante hiperkinético (Rubén Albarrán) al frente de una banda sin batería, dependiente de las programaciones de un tecladista habilidoso (Emmanuel del Real) y del sentido melódico de un contrabajista y un guitarrista habituado a las cuerdas de nylon (los hermanos Quique y Joselo Rangel).

Sea como fuere, el grupo logró forjar un estilo reconocible y facturar unos cuantos hits como “La ingrata” y “Las flores”, del disco Re (1994), o la lectura de “Cómo te extraño” del argentino Leo Dan. Hasta ahí todo normal, giras, éxito, prensa, rumores de separación, desmentidas, etc. Lo que nadie imaginaba (menos aún la dirección ejecutiva de Warner) era que el siguiente paso implicaría un paseo instrumental por las más diversas formas de mixturar la electrónica con el folklore, la danza contemporánea, la música de cámara y el pop; un gesto más cercano a esa osadía artística que tanto se añora que al suicidio comercial –aunque al final también resultara ser así. De modo que entre conflictos grupales y amenazas corporativas, inmediatamente después de la grabación del estrafalario Revés, la banda –secundada por Gustavo Santaolalla y Aníbal Kerpel– tuvo que sacar de la galera Yo Soy, un disco con canciones desempolvadas que, por obra y gracia de una ciencia que desconocemos, terminó siendo el complemento perfecto para las excentricidades de la idea inicial.

Ambos trabajos, con o sin palabras de por medio, parecen echar raíces sobre los mismos conceptos: la tierra, el universo infinito y la posición de cada simple ser humano en él. Con esas premisas, y más allá del afirmativo palíndromo (palabra “loop”) que lo titula, las canciones de Yo Soy trazan un recorrido filosófico que atraviesa la infancia (“Dos niños”), la madurez (“El hombre impasible”), el karma familiar (“El padre”), cuando no se pregunta directamente por los motores centrales (“La locomotora”) o la implacable rueda de la vida (“Bicicleta”).

Pese a las presiones a las que aludimos y a los condicionamientos musicales que por su propia naturaleza impuso Revés, la elegante factura de Yo Soy y la lúdica soltura de los tacubos desnudan un amplio margen de libertad aprovechado hasta el último segundo. Esto implicó arrebatos individuales, el uso de guitarras eléctricas por parte de Joselo, e inclusive un extraño juego con el formato mismo que dejó como resultado un CD con nada menos que 52 tracks, número al que se llega a partir de la imperceptible división de las últimas tres canciones.

Eso último no se replica en Revés, aunque tampoco era necesario en virtud de su carácter meramente exploratorio. Como ya adelantáramos, aquí el grupo se entrega por completo a la experimentación y despliega un conjunto de melodías circulares que ostentan un equilibrio delicadísimo del par modernidad/tradición. Entre ejecuciones exquisitas, rarezas minimalistas e invitados como el Kronos Quartet (que reversiona “La muerte chiquita”) y el zapateo de la Compañía de Danza Folclórica (con la perturbadora intervención de Meme Del Real), Cafeta se ríe de las convenciones pero se ocupa de que el producto quede bien lejos del onanismo haragán intelectualoide.

A pesar de las críticas más que favorables, no hace falta una mente brillante para inferir que el álbum fue un rotundo fracaso comercial que determinó la inmediata eyección del cuarteto de las filas de Warner. Eso no impidió que Café Tacuba se regenerara y continuara entregando grandes discos, incluso con mucha repercusión como el sucesor Cuatro Caminos (2003), que de la mano del hit “Eres” abriría por fin la ruta del esquivo mercado argentino, ahora encantado con sus nuevos ídolos.


Links: 
Penguin Cafe Orchestra – Broadcasting From Home (1984) 
Brian Eno – Before And After Science (1978) 
Café Tacuba – El objeto antes llamado disco (2013)

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