miércoles, 27 de mayo de 2015

Soda Stereo - Ruido Blanco (1987)



Hace unas décadas, las cosas eran tan diferentes que, para 1987, a solo tres años de su debut discográfico, Soda Stereo “ya era” Soda Stereo, es decir, la banda más convocante y vendedora de Latinoamérica, poseedora asimismo de una tríada de álbumes de indubitable calidad ascendente. La cima (o mejor dicho, la cúpula) era una realidad para Cerati, Bosio y Alberti, y aquel año los capturó en tal vorágine de shows a lo largo y a lo ancho del continente, que se vieron obligados a orientar sus planes en torno al menor esfuerzo de estudio, pero con la mira puesta en no ceder un milímetro en un panorama terriblemente competitivo como era todavía el del rock argentino.

Eran épocas de vacas gordas, y el trío y su producción pudieron pilotear la pésima calidad de las grabaciones de consola originales con su tratamiento en los estudios Blue Wave de la paradisíaca isla Barbados, donde lejos de parar la pelota y echarse al sol, añadieron sobregrabaciones e incluso el tecladista Daniel Sais tuvo que regrabar todas sus partes.

Tras una correcta masterización en Los Angeles, el resultado develó un directo de sonido pulcro que testimonia la sodamanía vivida en diferentes lugares de la región. Aún en su carácter anecdótico, el disco plasma la natural inquietud del grupo en virtud los varios tracks que se presentan en versiones muy diferentes a las de los LPs, que en algunos casos incluyen vientos y los coros de The Supremes. Dentro de esta lógica, tanto “Juegos de seducción” como “Persiana americana” quedan mejor paradas que la extendida y recargada “Sobredosis de TV”, y fuera de ella, las más fieles “Signos” y “Final caja negra” certifican la exitosa fuerza de su material más reciente.

Por su parte, la siempre efectiva “Cuando pase el temblor” y el enganche “Vita-Set” (“Vitaminas” + "Jet Set”) aportan la cuota festiva, en tanto que una tibia interpretación de “Prófugos” se encarga de cerrar este trabajo evidentemente orientado a un mercado que consumía con voracidad todo lo que salía de estas tierras, a la par que empezaba a gestar sus propias movidas.

Ya sellada la primavera alfonsinista, a Soda todavía le faltaba más, mucho más, en tanto que al rock local lo esperaban, a la vuelta de la esquina, bajas notables que vestirán de luto el fin de una etapa que hoy se revisita con una mezcla de nostalgia y resignación.

Links:
Soda Stereo – El Último Concierto A y B (1997)
Miguel Mateos/Zas – Rockas Vivas (1985)
Virus – Vivo 1 (1986)



viernes, 8 de mayo de 2015

Deerhunter - Halcyon Digest (2010)




Dos de los grandes discos del año 2010, y posiblemente de la década en curso, pertenecen a la órbita del sello 4AD. Uno es High Violet, de The National. El otro es Halcyon Digest de Deerhunter, una banda alternativa formada en los albores del milenio en Atlanta (Georgia), como se sabe, la misma tierra de R.E.M. y B-52’s.

Sin embargo, en plena época de revivalismo, Deerhunter se presentó como una solución de continuidad de cierta tradición low-fi psicodélica en lugar de un refrito agradable a los oídos de la prensa “pro”. En otras palabras, era poco atinado parangonar al joven cuarteto con la mentada camada de bandas “The” que irrumpió en 2001-2002. Ubicarlos, en cambio, al lado de Animal Collective parecía más sensato.

Como ocurre en toda banda interesante, aquí también hay un componente destacable: el cantante, guitarrista y principal compositor Bradford Cox, un personaje, un melómano tenaz e inadaptado social a la luz de un extraño síndrome que hace de su cuerpo una entidad desproporcionada y esquelética. Bajo su comando, el grupo cargaba hacia el final de la década pasada con un par de EP’s y una serie de álbumes plagados de una psicodelia oscura y cautivante entre los que se destaca Microcastle (2008), probablemente su obra maestra.

Sin embargo, Halcyon Digest, con sus contrastes, acaso plantee una salida ante los desvaríos asfixiantes del trabajo anterior, en primer lugar de la mano de varios paseos por un pop evocador de sus amados años 60’s. En esta tónica, “Don’t Cry”, “Memory Boy” y “Fountain Stairs” habilitan senderos luminosos de la mano de ritmos saltarines, si bien paradójicamente los textos –presentados en el sobre interno bajo la forma de un panfleto– acusan una profunda melancolía y dolor. La balada “Basement Scene”, en tal sentido, va un poco más allá (abajo) y se remonta a unos hipotéticos Everly Brothers con problemas de drogas duras y en compañia de The Velvet Underground.

Este espíritu sombrío se expande en “Desire Lines”, interpretada por el guitarrista Lockett Pundt, cuya larga coda recuerda a la de “No. 13 Baby” de los Pixies, y se profundiza aún más con el dream-pop de “Helicopter”, que exhibe un uso monstruoso de efectos de modulación y reverbs mientras retrata una vida que se desintegra sin vuelta atrás. La inaugural “Earthquakes”, en tanto, toca fondo de entrada con su ritmo cansino y background perturbador.

En este vaivén de claroscuros, el álbum ostenta una exquisita arquitectura sonora que se aprecia mejor con las sucesivas escuchas y contribuye a agigantarlo. No es casual entonces que la crítica cayera rendida ante esta obra y hayan tenido lugar gestos como el del sitio Consequence of Sound, que la ubicó entre lo más alto de la historia del sello fundado por Ivo Watts-Russell en 1980, por encima de Bauhaus, Red House Painters y This Mortal Coil. Exageración o no, esto da cuenta de que lo de Deerhunter va en serio y, afortunadamente, en pleno desarrollo.

Links: 
Atlas Sound – Parallax (2011)
Lotus Plaza – Spooky Action at a Distance (2012)
Atrás Hay Truenos – Encanto (2013)