martes, 5 de julio de 2016

Coldplay - X&Y (2005)



Coldplay es una de las bandas más vilipendiadas de las surgidas en el nuevo milenio, tanto por la intelligentzia como por el rockerismo ortodoxo, además de constituir uno de los pocos grupos jóvenes que sigue dándose el gusto de vender millones en tiempos de formatos invisibles. Las razones de tanto rechazo no están del todo claras y han sido material de numerosos artículos que intentaron desentrañar el misterio, cuya resolución termina derivando en los mismos clichés de siempre. Por ello, tal vez situarse en la mitad del recorrido ayude a echar un poco de luz. En otras palabras, se trata de poner el foco en X&Y (2005), tercer álbum de los londinenses, concebido a la hora de enfrentar el dilema de cómo seguir tras dos discos que los llevaran, todavía con restos de acné, a la cima del mainstream

Ciertamente, es difícil hacerse el tonto ante el discreto encanto de Parachutes (2000) y de A Rush of Blood to the Head (2002), el primero claramente inspirado en The House of Love o el Radiohead de The Bends (1995), influencias que el segundo ensancha con el condimento épico que patentara Echo & The Bunnymen en Ocean Rain (1984). Pero, como se sabe, el éxito a veces es más que un par de discos correctos; entre otras cosas, conlleva sobreexposición, rotación altísima, inclusión como soundtrack en telenovelas y publicidades, y un frontman que se casa con una estrella de Hollywood y dedica parte de su creciente fortuna a sonoros actos de caridad que harían sonrojar al propio Bono. 

Dicho rápidamente, lo relativo al mercado ganó espacio y pudo haber gravitado en la opción del cuarteto por admitirse como grupo apto para todo público, reforzar su imagen de buenos pibes y persistir con su vacilación entre el indie más amable y el AOR, con la correlativa abundancia de baladas melancólicas y clara vocación por lo emotivo. A esto se suma la tendencia de Chris Martin al abuso del falsetto a lo Jeff Buckley, reforzando la pesadumbre conmovedora, y un registro musical que evita o modera conscientemente los grandes sobresaltos, pese al golpe fuerte y al medio del baterista Will Champion

Por obra de estas ratificaciones, X&Y termina imponiéndose como el paso adelante que no fue, que en cambio sí llegaría, tarde, con la mesurada ambición de Viva La Vida (or Death and All His Friends) (2008), aparecido cuando buena parte de sus descubridores ya había huido con la certeza de que no había vuelta atrás: Coldplay estaba demasiado firme en el asunto de convertirse en los nuevos U2, con todo lo que eso implica. Por ejemplo, que el sobrio guitarrista Jon Buckland agregara a su set efectos que The Edge aprobaría, o que, en esta región, la banda sonara en los mismos segmentos que los más convocantes exponentes latino-románticos y el peor rock local jamás facturado en nuestras grandes ligas. 

Dubitativo, de transición, como quiera que se lo llame, el álbum no expone nada que no haya sido testeado en producciones previas, sobre todo A Rush…, como lo prueban “What If”, “White Shadows” o las baladas tribuneras “Swallowed in the Sea”, “Fix You” y “The Hardest Part”; incluso, el corte “Speed of Sound” recicla el piano de “Clocks” y le da una vuelta con fraseos de “Running Up That Hill” de Kate Bush, mientras que “Talk” hace lo propio con Kraftwerk para dibujar su melodía central. 

¿Qué más se puede agregar? Pues que “Low” y “Twisted Logic” sueltan un poco las riendas, y que “X&Y” aporta una cuota de misterio arábigo, tal como lo hacía “Daylight” en la placa anterior; de modo que, como se dijo, nada nuevo bajo el sol. Claro que hay maneras y maneras de mantenerse fiel, como lo demuestran los muy buenos pasajes acústicos de “A Message” y “’Til Kingdom Come”, esta última compuesta para, y en plan de homenaje al gran Johnny Cash. Pareciera que el viejo y lánguido Coldplay fuese más divertido que el forzosamente expansivo que quería ser, en virtud del intento a medias tintas por mostrarse más interesante que encarna este álbum. 

De cualquier modo, naturalmente los rankings estallaron y los estadios del mundo abrieron sus puertas para recibir a estos herederos de la parte más sensible del brit-pop, a la par que en las sociedades crecía de modo exponencial el “forobardo”, el insulto anónimo y la cohorte de haters, esa especial clase de gente concentrada en lo que detesta, que encontró en Coldplay un blanco obvio, demasiado fácil. Lo cual es más grave que el resultado bueno, malo, regular o genial de una banda que de tanto esforzarse por caer bien, muchas veces termina cayendo mal. 

Links: 
Keane – Under The Iron Sea (2006)
Richard Ashcroft – Human Conditions (2004)
Travis – Twelve Memories (2004)




2 comentarios:

Mariano dijo...

Como anda Edu? Con Coldplay se puede decir que pasa lo mismo que con Gentle Giant, mucha gente les baja el pulgar (o se lo suben) por lo que son, por lo que implican.

A mi los dos primeros me parecen muy buenos y este tercer disco (el único que tengo) muy decente.

P. Mastrángelo dijo...

Eameo! Gracias por pasar. A mí también me gustan los dos primeros, aunque Parachutes se cae un poco al final, pero son impecables. Viva La Vida, pese a su título horrible también me gustó. El resto, ya no. Pero justamente eso del blanco fácil es lo que me rompe las pelotas. Yo mismo he llegado a ser muy despectivo con Coldplay. Y no es justo.

X&Y me sigue pareciendo un disco medio flojo, que se queda a mitad de camino, y además es muy largo; al contrario de los otros dos, creo que levanta en la segunda mitad. Pero necesitaba un acto de reparación histórica (?), reseñarlo sin insultar y repudiando el insulto.

Un abrazo!