viernes, 3 de febrero de 2017

Weezer – Pinkerton (1996)



En los noventa, todo lo relacionado con los nerds no tenía la aceptación que tiene hoy, un multiverso donde el conocimiento garpa y los hipsters marcan tendencia. De hecho, si Weezer hubiese surgido ahora, su líder Rivers Cuomo (una mezcla entre Elvis Costello y Brian Wilson) sería rey, pero como eso no ocurrió, el muchacho tuvo que conformarse con mantener a su banda en un nivel modesto y proseguir sus estudios universitarios.

Gente fanática del arco trazado por bandas como Cheap Trick, The Posies, Pixies, Nirvana et al., Weezer la pegó en 1994 con su irresistible hit “Buddy Holly”, una gema power-pop que exhibía una nostalgia algo inocente por la estética de los años ’50 y le daba un plus radial a su gran álbum debut, producido por el excantante de The Cars, Ric Ocasek. El contexto no podía ser más propicio: con el post-grunge en ciernes, los sellos major todavía apostaban por las guitarras, con lo cual las grandes ligas quedaban al alcance de la mano. La premisa era la de siempre, tipo “Ud. hágase el loco, meta un hit, suene en todos lados y después vemos”; pero la información ya circulaba inusualmente rápido y por consiguiente los tiempos se habían acortado: el peligro de volver rápidamente a las sombras acechaba a cada segundo. A Weezer, en tanto, le sonreía el multiplatino y los premios, los grandes festivales y todo eso, sin embargo, el camino a Pinkerton fue, cuanto menos, tortuoso, y lo que le siguió también.

Entre el éxito repentino y una delicada operación para corregir una falla en una de sus piernas, que dejara como secuela un período de intensos dolores, algo cambió en el frágil y contemplativo Cuomo, quien decidió desbaratar los planes de una ópera rock basada en Madama Butterfly hasta reducirlos al mínimo y dejarlos en manos del antagonista de la obra de Puccini, un tal B. F. Pinkerton. El resultado de este giro se disparó en varias tangentes: producción propia, amplificadores con los volúmenes al máximo, y una cuota de calculada desprolijidad.

Pero había más: bien camuflados por un contagioso aunque sombrío ímpetu pop, los textos exponían una compleja relación con el sexo opuesto, saltando desde el desenfreno (“Tired of Sex”), la indiferencia del otro (“No Other One”) y el amor no correspondido (“Pink Triangle”) hasta un romance a la distancia con una joven fan japonesa (“Across The Sea”). Lejos de ser celebrada, la honestidad brutal de Cuomo no fue bien recibida, a la luz de las reseñas mixtas en las que llegó a ser señalado como sexista. Asimismo, los fans, la propia banda y hasta sus familias odiaron el álbum, en virtud de su cruda urgencia y su falta de tapujos. Arrepentido por haber mostrado descaradamente su lado oscuro, el líder llegaría a confesar que se sintió como al día siguiente después de una fiesta descontrolada, en la que los flashes de mil pelotudeces perpetradas delante de todo el mundo la noche anterior le taladran una cabeza a punto de estallar.

La gira del 96-97 fue exitosa, pero las ventas y la moral de la banda estaban por el piso. En consecuencia, sobre el cierre de la década, Cuomo entró en un período de reclusión y nula creatividad, y el bajista Matt Sharp renunció para meterse de lleno en The Rentals, con quienes ya había facturado el hit “Friends of P”. Con el nuevo milenio Weezer parecía definitivamente condenado al “one hit wonder” cuando ocurrió el milagro: el disco homónimo de 2001 conocido como The Green Album los devolvió a los charts y una nueva generación de indies, incluyendo al incipiente sector emo, los reivindicó como influencia mayor, lo que provocó que, ya hasta el cuello en el siglo XXI, Pinkerton fuera colocado en la vitrina de las grandes obras del decenio, y rotulado como el retrato de un freaky, un inadaptado social en pleno derrumbe emocional y sincericidio. Lo cual en definitiva se acerca bastante a la verdad.


Links: 
Weezer – Everything Will Be Alright in the End (2014) 
That Dog – Totally Crashed Out (1995) 
The Rentals – Return of The Rentals (1995)




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